La autonomía y la autorregulación para un aprendizaje activo en entornos online sobrevenidos

  • Por Ingrid Mosquera Gende
  • Opinión

Ingrid Mosquera Gende

Profesora adjunta en la Universidad Internacional de La Rioja. Dpto. Didáctica de la Lengua Inglesa. Facultad de Educación. Doctora en Filología Inglesa. DEA en Psicología de la Educación. Experta en Didáctica, Metodologías y TIC.

Cuando hablamos de aprendizaje activo hablamos, como dice Héctor Ruíz Martín, de un aprendizaje cognitivamente activo, más allá de aprender haciendo, se trata de aprender siendo conscientes de cómo lo hacemos, es decir, de un modo metacognitivo.

Niños en el aula con ordenadores y papel para ilustrar la autonomía y autorregulación

Añadido a ese punto, fundamental para activar el proceso de aprendizaje, hay dos elementos que siempre deben estar presentes en la mente del educador al sentar las bases de su diseño de instrucción: la autonomía y la autorregulación del alumnado.

Estos dos aspectos van de la mano, son inseparables y beben uno del otro. Si el docente desea conseguir una educación personalizada, y por ende inclusiva, que vaya más allá de las cuatro paredes del aula, deberá promover y colaborar en el desarrollo de esos dos elementos en sus estudiantes.

En la situación actual que nos ha tocado vivir, son dos puntos que resultan cruciales pues, en muchas ocasiones, estamos trabajando desde casa largos periodos de tiempo, sin la motivación, el acompañamiento o la guía directa de compañeros y profesores. Nos enfrentamos a entornos educativos nuevos, bien sean estos de naturaleza mixta o totalmente online.

CONTEXTOS EDUCATIVOS SOBREVENIDOS

Al referirnos a contextos educativos sobrevenidos, aludimos a la brusca incorporación a entornos educativos mixtos que han tenido que sufrir muchos docentes, junto a estudiantes y familias.

Conceptos como aulas espejo, desdoblamientos, contextos semipresenciales o actividades síncronas y asíncronas están a la orden del día, confundiéndose a menudo entre ellos y abriendo un abanico de posibilidades muy interesantes para el que la mayoría de los agentes educativos no estamos suficientemente preparados.

Cuando hay que cambiar de escenario de forma repentina, no se trata únicamente de un significativo trasvase de recursos y de herramientas, que también, sino de unas necesarias adaptaciones metodológicas y estratégicas del conjunto de nuestro diseño instruccional.

Se habla de la innegable necesidad de desarrollar la competencia digital, de alumnos y de profesores, pero no se habla tanto de modificar cómo damos las clases, cómo nos comunicamos, cómo enseñamos y cómo aprenden los alumnos para que el proceso siga siendo significativo y activo.

Ciertamente, el conocimiento de herramientas nos dotará de más opciones a la hora de poder plantearnos cómo traducir lo que hacíamos en clase a un entorno digital, pero este paso no resultará, ni mucho menos, suficiente.

LA AUTONOMÍA Y LA AUTORREGULACIÓN

La autonomía será la clave para poder acceder a propuestas educativas más complejas y se hace especialmente patente la necesidad de su desarrollo cuando se dan cambios de etapa y, en el caso que nos ocupa, de contextos educativos. En este sentido, Iris Carabal comenta que “se debe buscar una autonomía funcional, desde la primera infancia, para adquirir habilidades y estrategias para poder autogestionarse en el aula. Siempre dentro de la zona de su desarrollo próximo. Se debe trabajar de forma continua dentro del desarrollo evolutivo de cada niño”.

Podemos decir que la autonomía es el punto de partida hacia una educación personalizada, en la que el docente podrá ser guía y el alumno podrá seguir su propio ritmo. Para lograrlo, la llave para abrir ese cajón se llama autorregulación, esto es, ser capaz de gestionar y planificar nuestro propio aprendizaje.

Por supuesto, los dos puntos anteriores se encuentran fuertemente conectados a una tercera pata: la metacognición. Saber cómo aprendemos, qué nos cuesta más, qué nos cuenta menos, etc. nos ayudará a planificar nuestro estudio y nuestras tareas, siendo autónomos durante todo el proceso.

Y si queremos poner una cuarta pata a la mesa, que puede ser lo más conveniente, debemos recordar que la personalización de la educación y la activación del aprendizaje, por medio de la autorregulación, la metacognición y la consecuente autonomía del alumnado, van a influir de manera muy positiva y directa en que tenga lugar la tan preciada y ansiada inclusión real.

CONSEJOS PRÁCTICOS

En todo caso, como sucede siempre, la teoría y la práctica pueden estar a años luz y distar mucho de ir de la mano. Es muy diferente hablar de un tema que llevarlo al aula, sea esta presencial o virtual.

Por ello, no queremos terminar este breve artículo sin compartir algunos consejos que, esperamos, puedan servir de ayuda a docentes que se enfrenten a este cambio paradigmático. En todo caso, adelantamos que son consejos genéricos y de carácter introductorio que deben ser adaptados a las circunstancias concretas de cada centro y a las edades de los estudiantes.

  1. Sobre las conexiones en directo. Deben ser planificadas por el conjunto del centro educativo. No debe ser una labor de un profesor aislado. Debe existir una coordinación para que ni alumnos ni docentes estén sobresaturados de clases online. Recordemos que las clases presenciales no son iguales a las clases a través de una pantalla, siendo necesaria una desconexión cada cierto tiempo.

  2. Sobre las actividades asíncronas. Como sucede en la educación presencial, o debería suceder, a la hora de proponer tareas para realizar de manera asíncrona, debemos controlar la carga que tiene el alumnado en relación con todas las materias. Por lo tanto, de nuevo, resulta fundamental la coordinación y la comunicación.

  3. Sobre la centralización. Una vez se han establecido los puntos anteriores, el docente (o el centro) deberá comunicar de forma clara y por diferentes canales cómo y cuándo van a tener lugar las clases. Es básico contar con una plataforma en la que se pueda avisar de cambios de última hora o anuncios similares. Tengamos en cuenta que nuestra organización y planificación facilitarán la de nuestro alumnado.

  4. Sobre el papel docente. Aunque hemos visto muchas cuestiones que no dependen del profesorado, nosotros, en el aula, podemos explicar las normas, animar a los estudiantes hacia el estudio y el trabajo personal, promover espacios para la comunicación entre iguales (y que así puedan sentirse más acompañados), dejar un tiempo en nuestras conexiones en directo para que puedan hablar un poco entre ellos y promover el trabajo en grupos.

Para favorecer la autorregulación y la reflexión sobre la misma, podemos plantear una actividad en la que tengan que elaborar un horario de lo que hacen a diario y de cómo distribuyen su tiempo. Lo pondríamos en común y debatiríamos sobre ello, valorando los pros y los contras de cada propuesta.

Triángulo de la autorregulación

En el caso de la autonomía, recomendamos emplear herramientas digitales que permitan repasar de manera autónoma y avanzar a diferentes ritmos, personalizando el aprendizaje. Se trata de recursos gratuitos, que se encuentran al alcance de todos. También nos pueden ayudar las rutinas de pensamiento, para el desarrollo de su metacognición. Pero ese tema ya habría que abordarlo en un artículo diferente.

Comentarios(3)

  • Hola,

    Este artículo me ha parecido de lo más interesante, Ingrid.

    Les comento que estuve buscando info sobre lo que cuesta actualmente estudiar en una universidad en Bolivia y encontré esto:

    https://www.universidadesonline.com.bo/licenciatura-en-derecho/articulo-cuanto-cuesta-una-carrera-universitaria-en-bolivia

    Espero que le sea de gran ayuda.

  • Claudia Paola Domínguez

    Me gusto el artículo porque es muy importante tener en cuenta todas las condiciones que están teniendo los alumnos, y lo mesurados que debemos ser como profesores en cuanto a la carga de trabajo que se genera a los chicos.
    Otra situación, es el cambio radical que han tenido que enfrentar los alumnos. El tener que ser autónomos y aprender a autorregularse, todo esto durante el proceso y a distancia. Debemos reconocer el gran esfuerzo que los chicos han hecho para poder aprender en tan corto plazo, a ser independientes y hasta autodidactas.
    Ha sido un trabajo titánico, de alumnos, padres de familia y maestros, con la noble intención de seguir adelante y no detener el proceso de aprendizaje a causa de la pandemia.
    Muchas gracias por las recomendaciones al final del artículo, eso lo hace más valioso aún, cuando nos dan herramientas para ser mejores y ayudar a que sea mas placentera la experiencia educativa.

  • Creo que este artículo es muy interesante. Ya que explica muy bien lo que actualmente muchos profesores no están realizando, muchos dejan de innovar y solo siguen lo mismo que hacían en clases, haciendo que los niños queden igual o peor que al principio (Sobre todo en este tiempo de pandemia)
    Yo soy Crismar, tengo 25 años y estoy estudiando para ser profesora. Sin embargo, mi hija está empezando la escuela y con este rollo de la pandemia todo se ha ido al caño, si desde que empezó a muchos de sus profesores no los entendía y decía que eran muy aburridos. Imagínense ahora que las clases son online.
    Solo le dan un breve resumen y lo demás se lo mandan a investigar, un trabajo sin sentido y listo ya paso el año escolar.
    Ya los niños no se entretienen con lo mismo en clases y nosotros como docentes debemos empezar a tomar conciencia, y si vemos que algo no funciona, buscar otra manera. Mi hija prácticamente ha visto clases por mí y eso es un poco triste de parte del sector educativo.

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