¿Cuándo es un buen momento para iniciar a los niños y niñas al ajedrez?
Tenemos que diferenciar dos enfoques distintos, el ajedrez como juego y divertimento y el ajedrez como herramienta didáctica. A partir de los 5 o 6 años que empezamos a desarrollar la inteligencia abstracta es un buen momento para que los niños empiecen a jugar.

¿Y para introducirlo en el aula?
Pronto, ¡muy pronto!  No conozco a ninguna maestra, y he formado a unos 30.000 docentes en 28 países, que no esté enormemente satisfecha con el ajedrez como herramienta educativa en niños de 3 a 6 años. A esta edad es imprescindible disponer de un tablero gigante para el suelo, y se puede combinar con música y danza. Estos tres elementos permiten trabajar un montón de conceptos importantes a esa edad como por ejemplo: lateralidad, psicomotricidad, atención, memoria, concentración, respeto por las normas, respeto por el compañero, diagonales, verticales, horizontales, control del primer impulso. 

¿No son muy pequeños, con 3 años?
De hecho se puede empezar incluso antes. A los dos años ya puedes introducir conceptos como las series y la clasificación, poniendo en orden las piezas, etc. En esta etapa no hay problema de sobrecarga del currículum y así, los niños que ya han trabajado con el ajedrez en etapas tempranas, cuando llegan a primaria están muy familiarizados con la operativa y es muy sencillo utilizar el juego como herramienta didáctica. 
A partir de primaria se puede trabajar de forma transversal e interdisciplinar. 

¿No es un juego con muchas normas para niños tan pequeños?
Claro, pero nadie ha dicho que tengamos que explicarles todas las normas al principio. Lo interesante de introducirlo a tan pronta edad es la posibilidad de familiarización. Al principio basta con que los niños sepan lo que son los peones, y qué movimientos pueden hacer. Que tengan claro que deben respetar los turnos para poder jugar y que sepan que se lo van a pasar muy bien. De esta forma tan sencilla puedes trabajar todo lo que hemos dicho antes. 

¿Qué puede desarrollar el ajedrez que no pueda hacerlo un videojuego educativo?
La lista de valores o capacidades que desarrolla el ajedrez es realmente amplísima. Yo, en el mundo en el que vivimos resaltaría la autocrítica. En el ajedrez la suerte prácticamente no existe. Si hoy tu me ganas en una partida significa que tu has jugado mejor que yo. Me iré a mi casa pensando por qué he perdido, qué es lo que he hecho mal. ¿Qué podría hacer la próxima vez en la misma situación? Si hacemos esto con frecuencia estamos automatizando este proceso cerebral, esto va a tener transferencia a mi vida normal, porque mi cerebro estará acostumbrado a analizar las situaciones que vivo, a reflexionarlas y a buscarles solución. 

Que interesante…
Otra que subrayaría es la del pensamiento flexible. Los niños de hoy en día van a ejercer profesiones que hoy no existen, utilizaran tecnología que aún no se ha inventado. La capacidad de adaptarse a una situación nueva a toda velocidad será una cualidad muy importante. El ajedrez desarrolla mucho esto, porque en una partida hay varios momentos en los que una sola jugada tuya o del contrincante nos obliga a cambiar la evaluación de todo el tablero. Como el reloj está en marcha no podemos dedicar demasiado rato a pensar, tenemos que reaccionar de forma rápida. Un cerebro automatizado en este proceso será capaz de hacerlo en cualquier situación de la vida real. 

En los últimos tiempos vemos como desde la escuela se impulsan valores como el cooperativismo y la colaboración, pero el ajedrez es un juego muy competitivo. ¿Cómo encaja en las aulas?
Yo creo que es un error educar a los niños excluyendo por completo el factor de la competitividad porque si los metemos en una burbuja, cuando salgan al mundo real lo pasarán mal. La competitividad, de alguna manera, tiene que estar presente en la educación, pero bien explicada y bien entendida. Por lo tanto, que se acostumbren a competir con las precauciones debidas tiene muchas ventajas prácticas. Esto también está ligado al saber ganar y perder. 

¿Qué se aprende del ganar y perder?
Esto es muy importante. Cuando a mí me invitan a inaugurar torneos infantiles y tengo que decir unas palabras justo antes de empezar siempre les recuerdo que en unas horas, unos estarán contentos por haber ganado y otros no tan contentos, porque habrán perdido. Los que pierden, aunque estén tristes, tienen que pensar que han aprendido más que quien ha ganado. Esta derrota hay que convertirla en una oportunidad para analizar por qué no han ganado y ver cómo pueden resolver la situación en otra ocasión. En ajedrez, quien pierde es quien más aprende. 

¿El ajedrez es un juego individualista?
El ajedrez no tiene por qué ser entendido como un juego por parejas y puede involucrarse a equipos enteros detrás de una partida. Es interesante ver cómo cooperan, discuten la jugada y acuerdan movimientos todos juntos. Hay un estudio científico realizado por la Universidad de La Laguna de Tenerife donde se llega a la conclusión de que el ajedrez desarrolla mucho la inteligencia emocional. 

¡Qué interesante! ¿Y cómo llegaron a esa conclusión?
Compararon a los alumnos que jugaban al ajedrez con los que jugaban al fútbol y al baloncesto que son dos deportes de equipo. A priori, consideraríamos que los deportes de equipo son más propicios para desarrollar las cualidades socio-afectivas. Sin embargo, el estudio señala que los ajedrecistas desarrollaron más las habilidades socio-afectivas. Esto depende de que el maestro, en el aula, sea capaz de utilizar la herramienta en la dirección correcta: no para fomentar la competitividad sino para trabajar la cooperación. 

¿Es necesario que los docentes se formen en el ajedrez como herramienta didáctica, o un docente que sepa jugar ya puede utilizarla en el aula?
Un docente, por el mero hecho de serlo, seguro que se le ocurren un montón de posibilidades para introducir un juego que conoce en el aula. Ahora bien, la experiencia me dice que el principal objetivo suele ser romper el hielo. Existe una especie de losa sobre el ajedrez que viene a decir que si no eres un gran experto del juego, o si no eres muy inteligente, no te puedes aventurar a introducirlo en el aula. En realidad, lo que es difícil es llegar a ser un gran jugador y participar en competiciones mundiales, pero introducir el ajedrez en el aula está en la mano de cualquier docente que lo quiera hacer. 

Es necesario empoderar a los docentes entonces.
Cuando los profesores comprenden que el ajedrez es una herramienta muy fácil de utilizar, y disponen de unos conocimientos mínimos, se lanzan a proponer actividades en el aula. Es muy gratificante cuando meses después de impartir un taller te mandan fotos y correos de experiencias que están llevando a cabo los maestros y maestras que participaron en la formación. 

¿Qué tres consejos les darías a los docentes que quieren introducir el ajedrez en clase?
En consecuencia con lo que he dicho, el primer consejo sería quitarse de la cabeza la idea de que el ajedrez es complicado si hablamos como herramienta educativa. 
En segundo término, les recomendaría informarse sobre cómo introducir la herramienta: hay mucha literatura, talleres o formaciones para ello. 

¿Y por último?
¡Que le echen imaginación! 

¿Conoce experiencias exitosas que se estén llevando a cabo en algún centro educativo del estado español?
Sí, por supuesto! Hay varias comunidades autónomas que están haciendo una apuesta muy interesante por introducir el ajedrez en el horario lectivo y hay cinco que destacan por sus buenos resultados: Cataluña, Aragón, Andalucía, Canarias y Baleares. Existen, en estas comunidades, proyectos de intercooperación entre centros, organizan seminarios y encuentros, hacen fiestas, etc.


Si te ha gustado la entrevista a Leontxo García, no te pierdas la de Sara de Freitas: “El aprendizaje basado en los juegos es más efectivo”.

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Comentarios(2)

  • Ismael Montenegro

    es muy interesante su opinion ya que una perdida puede enseñarnos para no volvernos a equivocar y así poder ganar en una próxima

  • Orlando Alfredo Escalante

    Siempre pensé que el ajedrez debería estar en la currícula de la formación docente.

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