En las aulas ¿reproducimos roles sexistas?
Por descontado que sí. La escuela, igual que el conjunto de la sociedad, lo que hace es socializar a los niños y las niñas de acuerdo a unos modelos de masculinidad y feminidad que comportan roles y estereotipos sexistas. Por ejemplo, en las niñas se considera normal que sean tranquilitas, que atiendan, que hagan sus deberes regular y adecuadamente. En cambio en los niños se considera “normal” que sean más movidos, que no atiendan, que los trabajos los entreguem de cualquier manera, etc. Es importante tener claro que la familia realiza la primera socialización, la socialización primaria y la escuela la secundaria.

¿Por qué aceptamos estos comportamientos diferenciados?
Es algo que hemos aprendido y normalizado desde siempre. El modelo androcéntrico que tenemos en nuestra sociedad lo tenemos incorporado en cada uno de nuestros comportamientos.

¿Y qué hay que hacer para revertirlo?
Si no hay una análisis, si no hay una autoreflexión para reconocer cuáles son las partes de este comportamiento, no podremos contrarrestarlo de ninguna manera. Lo que hay que hacer precisamente es revertir estos comportamientos sexistas, revertir el patrón androcéntrico que marca todos los momentos de nuestra vida.

¿Somos conscientes cuando reproducimos estos roles de lo que estamos haciendo?
No, la mayoría del profesorado no somos conscientes de reproducir el sexismo dentro del aula, por eso hablo a menudo de la necesidad de hacer una autorreflexión que, además, no es fácil de realizar. Para hacerlo bien se necesita ayuda, un apoyo exterior, alguien que ayude a identificar ese comportamiento porque no deja de ser difícil, incluso doloroso, reconocer que estás reproduciendo este sexismo cuando no eres consciente de ello, sobre todo para muchas profesoras.

¿Tiene alguna consecuencia en esta situación que haya más docentes mujeres?
Seguro. La administración educativa debería plantearse esto: en la escuela infantil casi no hay ningún hombre dando clase, el 95% son mujeres. ¿Qué pasa? Que las criaturas entienden desde bien pequeñas que el cuidado, el que estén atentos de ellos, es una tarea femenina. Luego pedimos que el cuidado de la familia se produzca de forma igualitaria, pero es que los niños y niñas ven desde pequeños que los cuidados los reciben de personas femeninas.

En el campo de la ciencia y de su didáctica, que es donde usted ha desarrollado la docencia, ¿existe sexismo?
¡Sí! Ahora han cambiado las cosas, se ha desplazado el sexismo que había históricamente en la ciencia hacia la tecnología. En los bachilleratos científicos, por ejemplo, hay un 50% o más de mujeres estudiantes. Sin embargo en el bachillerato tecnológico no sucede lo mismo, el porcentaje masculino es muy elevado. En las ingenierías, en las telecomunicaciones, hay muy pocas mujeres estudiando. Se reproduce un fenómeno muy curioso: en años anteriores, hubo más mujeres en estudios tecnológicos, pero las trataron tan mal, les pusieron tantas dificultades para estudiar, que finalmente acabaron abandonando estos estudios. No es un problema de falta de capacidad, sino de androcentrismo.

¿Y por qué cree que este androcentrismo continúa imperando en nuestra sociedad? ¿No existe voluntad?
Es un problema estructural. Pese a que las leyes que se impulsan buscan la igualdad, la sociedad tiene instalado en lo más profundo de sí misma una serie de comportamientos que hacen perpetuar este sistema. Para lograr superar este estado deberíamos hacer un cambio muy severo. Todos los intentos por alcanzar la igualdad, por el momento, han sido superficiales.

¿Cómo deberíamos empezar a hacer el cambio de mentalidades?
Pues yo creo que la clave está en la educación. En primer lugar, en las escuelas y facultades de magisterio: tendrían que tener la asignatura de coeducación. Por ley debería existir, pero no existe. Creo que solo hay una escuela de formación de profesorado en todo el estado español que oferta esta asignatura. Los estudiantes terminan su formación sin saber nada de coeducación. ¿Cómo van a poder trabajar luego de forma igualitaria en sus aulas, si no han recibido ningún tipo de formación al respecto? En un entorno donde el material didáctico como los libros de texto o los juguetes son sexistas es estrictamente necesario formar a los docentes.

¿El entorno educativo ayuda poco a este cambio de mentalidades?
No ayuda en absoluto. En navidad, por ejemplo, es un drama. Si consultas cualquier catálogo de juguetes, una bicicleta para niño es una “bici loca”, pero la misma bici para una niña es una bici “de paseo”. ¿Esto nos parece normal?

La sociedad está repleta de este tipo de mensajes. ¿Cómo podemos enseñar a los niños y niñas a ser críticos con ellos?
Lo que deberíamos hacer es cambiar los medios de comunicación. Podemos hablar de los juguetes, de los libros de texto, de la educación, pero el papel clave lo juegan los medios de comunicación. Un rato de televisión barre cualquier acción que tú puedas hacer en un sentido determinado. Las series de televisión son absolutamente sexistas, del principio hasta el final.

Y a pequeña escala, ¿qué podemos hacer?
Podemos participar en campañas de denuncia, en observatorios culturales. Estamos luchando contra fuerzas muy grandes. A pesar de lo difícil que lo tenemos, no podemos desfallecer. Es el único camino, o seguimos dando la batalla en este sentido o no vamos a conseguir cambiar las mentalidades.

¿La coeducación se debe tratar en casa y en la escuela, conjuntamente?
El trabajo entre familia y centro educativo tiene que ir de la mano. Nos estamos encontrando que hay más familias que se han interesado en reflexionar e introducir elementos de coeducación que el propio profesorado. Seguramente por lo que comentábamos al principio, los docentes no siempre son conscientes de perpetuar roles. En este sentido, hay que aprovechar todas las iniciativas. El papel de las familias es fundamental.

En sus materiales didácticos propone replantear la enseñanza para que incluyan los conocimientos y experiencias producidos por las mujeres a lo largo de la historia. ¿A qué se refiere exactamente?
Las mujeres a lo largo de la historia hemos sido partícipes de labores y conocimientos que no se nos reconocen. En las academias de la Grecia clásica, había muchas mujeres filósofas. También en la Edad Media teníamos un papel importante en la alquimia. No somos extrañas en los laboratorios, pero sí en los libros de historia. Esto hay que enmendarlo y poner a la mujer en su lugar.

¿Esto también sucede en el mundo contemporáneo?
Por supuesto. De lo que debemos darnos cuenta es de que la mujer nunca ha estado lejos de conocimientos científicos. La cocina, sin ir más lejos, es un laboratorio donde los ingredientes interactúan entre ellos: cocinar no es otra cosa que poner en práctica conocimientos de física y química. Esto aplicado en el aula es muy divertido, y los chicos y chicas ponen mucha atención.

¿Es mejor enseñar así que en un laboratorio?
Un laboratorio es mucho menos motivador que una cocina. Los niños y niñas están en un entorno conocido, si se les explica la física y la química en un contexto culinario. Las clases funcionan mejor así.

¿Ha detectado alguna vez comportamientos machistas en sus clases por proponer trabajar con la química de esta forma?
No, yo no no me he encontrado nunca en esta situación, y lo achaco a la autoridad que me da ser profesora. Como se lo pasan bien en clase, no se cuestionan los roles. Pero si estas actividades se realizaran con alguna monitora, por ejemplo, no sé si todos los alumnos responderían de la misma forma.

En clase no se enseña a los chicos y chicas conocimientos básicos de cuidado del hogar, de la familia, ¿cree que deberían introducirse en las escuelas?
Que no se trabajen este tipo de conocimientos solo sucede aquí. Si miramos los currículums de los países nórdicos o anglosajones, vemos que tienen una asignatura que se llama Home Economics y que trata precisamente sobre el cuidado de uno mismo, del hogar, de la familia. Los chicos y chicas de esos países se emancipan mucho antes, y con 15 años ya están proyectando sus vidas fuera del hogar familiar, por lo que aprender este tipo de cosas les interesa mucho.

¿Y por qué aquí no se introduce?
Yo creo que ni siquiera se ha planteado la posibilidad. Durante el franquismo, a las mujeres se les enseñaba a llevar a cabo este tipo de labores, eran parte de su formación académica. Con la instauración de la democracia estos conocimientos se borraron de un plumazo, y habría sido mejor extender este aprendizaje a todos los niños y niñas independientemente del género, obviamente.

¿Cómo cree que se puede reintroducir en el aula?
Hoy por hoy, a través de las tutorías. Son momentos muy útiles para trabajar sobre ello, sobre todo en secundaria, cuando los adolescentes ven utilidad en este conocimiento porque prevén que en su futuro les servirán.

Si te interesa el punto de vista de Núria Solsona, te recomendamos su propuesta didáctica para el profesorado sobre La química de la cocina.

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