Armas no son juguetes: reflexiones sobre la conducta violenta

  • Por Elvira Fernández Pena
  • Opinión

Elvira Fernández Pena

Maestra en la escuela pública CEIP Mestre Martínez Alonso, en el cual soy Coordinadora de Convivencia y Coordinadora de un PFPP sobre Educación Emocional, Convivencia y Creatividad.

Incluso desde nuestra mentalidad pacifista y conciliadora, regalamos en numerosas ocasiones juguetes que emulan armas de todo tipo a los más pequeños. Réplicas, cada día más exactas, de aquel armamento que emplean los adultos de todo el mundo para engendrar violencia. Pero claro, como son niños, no hay de qué preocuparse. Sólo son juguetes, pensamos, ¿qué problema puede haber a la hora de disparar una pistola de plástico? Pues lo cierto es que puede ser nefasto. Así lo aseveran conocidas marcas como Toys R Us, que retiró sus pistolas de juguete tras los atentados de París o la Consejería de de Igualdad y Políticas sociales de la Junta de Andalucía, que todos los años lanza una campaña para promover el juego no violento. Parece que ya no se trata sólo son juegos o juguetes, sino más bien de instigadores de conductas violentas. Pero para contextualizar su impacto en el ámbito educativo, empecemos por clarificar qué es agresión y cómo se sucede en el desarrollo infantil, más concretamente, en los centros escolares.

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Agresión y violencia: contexto educativo.

La agresión es toda conducta inherente al ser humano que empleamos en mayor o menor medida para infligir daño a alguien. Es un comportamiento que poseemos por genética pura, pues gracias a su valor adaptativo para la supervivencia de nuestra especie se ha convertido en una conducta normalizada. El gran impacto de la violencia en los medios de comunicación, así como en la cultura mass media de las últimas décadas, ha contribuido en gran medida a este “dar por hecho” que la violencia forme parte de nuestros días.

Con una marcada relación directa con una de las emociones primarias, la ira, el comportamiento agresivo tiene una predisposición genética acentuada. Pero existen numerosos factores que inciden en el comportamiento agresivo además de los puramente biológicos como la capacidad de autorregulación emocional, el ambiente familiar, o las amistades; motivo por el cual en un ambiente como el escolar debemos actuar desde una línea de trabajo clave en relación a la convivencia pacífica.

No lo tenemos muy fácil desde la sociedad que a nuestro alumnado le toca vivir. La clara exposición a los medios de comunicación amarillistas y vendidos a las audiencias, la amplia gama de videojuegos y el no menos importante creciente mercado de pistolas de juguete de todo tipo nos muestran todo un elenco de instigadores de la conducta violenta en los más pequeños. Porque, no nos engañemos, no se trata de juegos de niños simplemente.

Empuñar un arma es un instigador de la violencia según la evidencia científica.

En 2006, los psicólogos sociales Tim Kasser, Jennifer Klinesmith y Frank McAndrew realizaron un experimento con dos grupos de sujetos, a los cuáles se les tomó una medida de la hormona testosterona. La muestra se dividió en dos grupos, uno de ellos de control. En el grupo experimental fueron entregadas a todos los sujetos armas de fuego, concretamente pistolas, y en el de control, juguetes infantiles. La condición experimental que se les pedía a ambos grupos era la de sostener durante 15 minutos bien las armas, bien los juguetes. Se empleó como medida los índices de testosterona antes e inmediatamente después de sostener ambos objetos y se llegó a la conclusión de que aquellos sujetos que pertenecían al grupo de las armas, mostraban un aumento muy significativo de la hormona testosterona. Sin embargo esto no sucedió en el grupo de control que sostenía los juguetes. Se comprobó de este modo, que altos niveles de testosterona son predictores de la conducta violenta y de dominación social y que la simple exposición momentánea a armas de fuego, puede ser realmente dañina, favoreciendo la conducta de agresión.

Armas, violencia y niños. ¿Cómo actuar desde el marco educativo?

El comportamiento agresivo es normal incluso en los primeros meses del desarrollo madurativo de los niños, y es en torno a los dos o tres años de edad que esta conducta tiene más incidencia  con relación a la agresión física. A partir de los cuatro años aproximadamente, este tipo de conductas van desapareciendo paulatinamente moduladas por el aprendizaje cultural de las familias y del entorno educativo. Pero, a la vez, nuevas formas de agresividad surgen como sustitución, como la agresión verbal o la relacional, con marcado carácter en las niñas.

En este momento el ambiente familiar es fundamental, pero el escolar supone un escenario realmente imprescindible a la hora de forjar normas y valores de civismo y moralidad. Estos primeros años de escolarización son determinantes a la hora de aprender a convivir y en la resolución pacífica de conflictos. Como docentes tenemos la obligación de acompañar en el aprendizaje social de estas normas, de estos valores que deberán darse junto con estrategias de autorregulación emocional y de autocontrol de los estados de frustración y de ira. Este aprendizaje sentará las bases o pilares de una personalidad sana y con respuesta proactiva de ciudadanía.

El experimento de Kasser, Klinesmith y McAndrew pone de manifiesto la importancia de los instigadores sociales en la conducta violenta con adultos, pero a falta de la experimentación con niños vale la pena prevenir y ser consecuentes con los valores de respeto y diálogo en la resolución de conflictos, así como del juego dirigido y educativo (que nunca adoctrinado).

Un paso adelante para contribuir a la convivencia pacífica desde las redes.

Y para finalizar y como conclusión, no me quiero quedar en las palabras a la hora de afrontar el juego violento y el empleo de juguetes instigadores en los centros educativos y te animo a que participes con tu opinión con el hashtag #ArmasNoSonJuguetes. No tienes más que compartir con buenas praxis que se realicen en tu centro educativo, mostrando que se puede jugar sin recurrir a las armas, pues sea como fuere, nunca son juguetes. Puedes vincular a este hashtag todo tipo de enlaces, imágenes o recursos que sirvan de ayuda a cualquier docente sobre el empleo de juegos libres de violencia o juguetes educativos no sexistas y especialmente no violentos.


FUENTE: Klinesmith, Kasser Y McAndrew. (2006). Guns, testosterone, and aggression: an experimental test of a mediational hypothesis.

Comentarios(2)

  • A mi me surge una duda bastante complicada de resolver. Juegos como Counter Strike Global Offensive o el nuevo shooter Playerunknown’s Battlegrounds ofrecen la posibilidad de jugar en línea con un equipo, por lo que ayudan a mejorar el cooperativismo, la amistad y además ayudan a trabajar en equipo. Pero, por desgracia sigue siendo un juego, en esta caso Online, donde se dispara a otras personas.

    ¿Cómo habría que enfocar algo así?

  • Oportuno el articulo para padres de familia y directivos docentes.

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