¿Están los maestros y maestras bien formados…?

  • Por Pilar Sanz Cervera
  • Opinión

Pilar Sanz Cervera

Doctora en Educación, especializada en neurociencia cognitiva y necesidades específicas de apoyo educativo. Creadora del movimiento El despertar de la educación, y autora de ¡Adultos despiertos, niñ@s felices!

La formación inicial del profesorado a examen

Cuando terminamos los estudios de magisterio, todos los maestros hemos experimentado una misma sensación, que se puede resumir en el famoso decreto socrático: “Solo sé que no sé nada…” ¿Te resulta familiar dicha sensación, verdad?

imagen del post: La formación inicial del profesorado: representación del interior de un niño y una niña

No importa si estudiaste la carrera ya hace veinte años o si la acabas de terminar, parece ser que esta sensación ha sido, y sigue siendo, la tónica general. Tampoco importa la facultad, ni es cosa del país de residencia. La gran mayoría de maestros y maestras recién graduados afirman tener las mismas percepciones, independientemente de todos estos factores externos.

Como maestra, y actualmente docente universitaria, tengo que confesar que este es un aspecto que me preocupa, y mucho… No solo porque muchos alumnos me hayan transmitido una sensación de pérdida de su tiempo personal, sino también porque la educación de los más pequeños depende, en gran medida, de la calidad de esa formación inicial, y que todos recordamos como de muy baja calidad.

Está claro que un maestro debe formarse a lo largo de toda su vida profesional, y que la formación inicial es tan solo un primer paso, una puerta de entrada a un mundo por descubrir, en el que la formación continua y la experiencia van dando cada vez más sentido a una realidad inimaginable en esos primeros años iniciales.

No obstante… ¿No crees que cuatro largos años podrían ofrecer una formación inicial de mayor calidad?

A pesar de que las necesidades son distintas en cada momento histórico, todos estaremos de acuerdo en que la escuela y, en especial la formación del profesorado, siempre han ido con cierto retraso en relación a las exigencias de la sociedad. Es cierto que en los últimos años se han realizado diferentes reformas en los planes de estudio, que han conllevado un incremento en el número de horas prácticas, además de que son muchos los docentes universitarios que hacen ya un uso real de las TIC, la gamificación y diferentes metodologías activas que están revolucionando la educación.

Todos estos aspectos han sido grandes avances, que aunque no se lleven a cabo en  todas las facultades o en todos los grupos, están materializándose progresivamente. No obstante, a pesar de todos estos cambios a nivel metodológico, organizativo, e incluso curricular, lo más sorprendente de todo es que…Las nuevas generaciones de maestros y maestras todavía siguen percibiendo no estar bien formados.

¿Cómo puede ser que a pesar de todo estos cambios, los maestros y maestras recién graduados sigan experimentado una baja autoeficacia?

La verdad es que es posible que, con suerte, hayan aprendido: historia de la educación; idiomas; matemáticas, aunque normalmente estén muy alejadas de la realidad escolar; ciertas nociones de educación especial; y un sinfín de aspectos más; pero… ¿Qué sucede con el manejo de su propia inteligencia emocional y su propio autoconocimiento personal?

Queramos o no, seguimos poniendo el foco en la adquisición de conocimientos, como si esto fuese a transformar el sistema, cuando en realidad, los conocimientos hoy en día están a nuestra disposición con tan solo un click. Lo que no está tanto a nuestro alcance es saber cómo profundizar en el autodescubrimiento de uno mismo, y esta es, en realidad, la clave, una gran clave que nos resistimos a integrar.

Estoy segura de que si cada maestro trabajara su propia infancia, sus miedos, sus heridas, anhelos e inquietudes, otro gallo cantaría…Porque no es posible realizar una verdadera transformación en la educación si primero no ahondamos los maestros en nuestro propio autoconocimiento interior.

Es imposible empatizar con un niño y ofrecerle lo mejor de nosotros mismos, si no somos capaces de ponernos en sus zapatos, y para ello no hace falta ir muy lejos… Tú, al igual que yo, también fuiste niño, y también tuviste ciertas necesidades que quedaron por cubrir.

Ahora, muy posiblemente, te encuentres con que algún que otro niño se te revela. No es cuestión de que sea un niño malo, ni mucho menos… Algo te viene a decir… La cuestión está: ¿Lo escuchas? ¿puedes entrever qué te está reflejando? Profundiza… ¿Qué puedes aprender a través de él? Te está mostrando algo muy poderoso, aunque nadie en la facultad te lo hizo ver…

¡Sí, estoy de acuerdo!

La educación requiere un cambio, pero estamos poniendo el foco en la dirección equivocada. No se trata tanto de un cambio metodológico, que por supuesto también, ya que los avances tecnológicos nos permiten realizar un sinfín de maravillosas innovaciones; pero el verdadero cambio tiene otro nombre, y ese nombre incluye un despertar, una toma de conciencia que requiere de nuestra propia intervención, un cambio de mirada, que va mucho más allá del niño exterior y que tiene que ver con el propio niño interior.

Comentarios(4)

  • Saludos. Excelente análisis, para ser considerado en nuestro accionar diario. La dinámica actual requiere preparacion a lo que inteligencia emocional se refiere, no solo con nuestros estudiantes, sino también con el personal y la comunidad que hace vida en cada centro educativo. Gracias por su aporte. Un abrazo fraterno.

  • Adriana patricia Galindo.

    Bonita analisis, es muy importante conocer las particularidades de nuestros alumnos, hacer mejoras en las actitudes para una mejora educativa.

  • Idalides Ardila Pushaina

    Excelente tematica, tiene usted razón no nos permitieron educarnos emocionalmente y nosotros, los maestros actuales estamos repitiendo la historia.

  • Hoy en día en Venezuela se están dando clases los estudiante compañeros de clases a la gran falta de excelentes profesionales q han emigrado causante de la crisis q el gobierno genera día a día

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