Literatura transmedia hoy: libros infinitos para la ESO

David Ruz Velasco

Docente en ESO, director de la Escuela de Idiomas W!N y filólogo de formación. Ha trabajado desde hace más de veinte años en la enseñanza de inglés y literatura no sólo en España sino también en Gran Bretaña. Es autor de Mil kilos de aire.

Mantengo que leer en la ESO es una forma de vivir más. Sin embargo, muchos de nuestros alumnos no leen, no les interesa. No se enganchan. Y ante eso, los docentes… ¿qué podemos hacer? Pienso que quejarse de esta situación, culpar a estas jóvenes generaciones -que no hace tanto nosotros mismos representábamos- o al sistema no aporta nada más que sinsabores. Y ningún resultado.

Literatura transmedia: un libro tradicional con elementos que sobresalen como símbolo de la realidad virtual.

Conviene mirarlos atentamente y descubrir dónde están sus motivaciones. Encontrar puntos de contacto con la literatura para ver cómo conectar con ellos. No creo que hacerlos llegar al gusto por los libros se vaya a conseguir obviando su mundo, el universo de los nativos digitales.

Por eso en esta entrada me propongo hablar brevemente de la literatura transmedia, porque es precisamente la que me inspiró a crear la web para mi novela Mil kilos de aire (Wanceulen, 2018).

La literatura transmedia está desarrollándose por momentos; el mismo concepto varía, se amplía, se expande. Su esencia es en realidad esa manera de fluir y de crecer en distintos ámbitos y formatos.

Este nuevo concepto editorial tiene mucho que ver con los libros digitales, aunque convive perfectamente con el papel. Es más, estoy convencido de que el libro físico es el trampolín perfecto para el salto al hipervínculo, casi lo más natural. Se trata de textos que se enriquecen con recursos digitales que no sólo complementan la lectura tradicional sino que aumentan su valor con extras sobre la trama, los personajes, el mundo del libro. ¿Quién no ha querido saber más del protagonista de una novela justo al terminar la última página?, ¿quién no ha deseado saber qué pasaba una vez leído el final de una historia?, ¿y esos memorables personajes secundarios… qué fue de ellos?, ¿no nos hubiera gustado compartir nuestras emociones u opiniones con esos mismos personajes?

Y no sólo saber más, sino interactuar. Ver vídeos, participar en juegos interactivos, escuchar la música que mencionan los personajes de la novela… Podemos incluso encontrar blogs de los protagonistas que van añadiendo contenidos sobre sus vidas fuera ya de la novela… ¿en serio?

Te recomiendo echar un vistazo a estos dos proyectos innovadores sobre la lectura transmedia. Uno de ellos es Odio el rosa. Podrás ver el uso de vídeos, webs que aumentan la experiencia del libro en papel, ilustraciones y gran cantidad de recursos interactivos que ayudan a profundizar en la trama y en los personajes que aparecen.

El segundo es Los nombres del fuego. En esta propuesta podrás descubrir sugerentes ilustraciones que definen a los personajes o la música y el cine que tiene que ver con la novela. Es una web realmente atractiva que consigue introducirte en la atmósfera del libro. Merece la pena.  

Como podemos ver, de repente, el libro se ensancha en todos los sentidos y cobra vida virtual cada vez que nos adentramos en esta lectura transmedia. Usaremos distintos dispositivos y, en cualquier sitio, a cualquier hora la historia vuelve a ponerse en marcha. Y, además, esta lectura transversal a través de distintos formatos, permite en ocasiones compartir la experiencia con la ayuda de apps y redes sociales.

Y a nosotros, esforzados profes de Lengua y Literatura, ¿qué nos dice todo esto?

Bien, en primer lugar, es posible que nos produzca algún desconcierto. Una cierta aprensión, o tal vez desconfianza. Quizás incluso hartazgo cuando pensemos en nuestros libros favoritos en las estanterías de nuestras casas, nobles y rectos, resistiendo inmóviles el paso del tiempo. Ganando sabor como los buenos vinos, nos decimos. Yo mismo miro El lobo estepario, de H. Hesse, que se desintegra por momentos pero más me gusta y aún me recuerda cómo me iluminó a los veintitantos. En fin, literatura.

Pero es posible que reconozcamos que hay otras posibilidades para recobrar el placer de leer entre nuestros jóvenes. Si recuerdo bien, ese era nuestro objetivo primordial, ¿o me equivoco?

Os animo a buscar, a surfear… incluso a zambulliros en este mar proceloso de la literatura transmedia. No hay mucho. Todavía. Pero casi que me apuesto mi The New York Trilogy, de Paul Auster, que amarillea muy digno en mi dormitorio, a que este es sólo el comienzo de una nueva forma de leer.

Hay varios artículos que me han ayudado a entender más y mejor esta tendencia, pero te recomiendo estos posts de Elvira Yuste o el de Paloma Fidalgo.   

¿Nos podemos permitir, docentes de esto, ser los últimos en enterarnos?

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