Definamos disciplina. ¿Por qué podemos diferenciarla entre positiva y negativa?
La Disciplina Positiva es una filosofía de vida con base en la Psicología Adleriana que promueve relaciones basadas en el respeto mutuo y descarta los métodos punitivos en la interacción humana. 
Es en este sentido que aplica el “término” positiva, que es saludable, que sienta bien al individuo, que salvaguarda la dignidad de las personas.

Muchas generaciones se han educado bajo una disciplina estricta y los temidos “castigos”. ¿Qué impacto tiene en un niño que se le castigue? ¿Cómo afecta a su desarrollo o a su conducta?
Sí, la mayoría de las personas hemos sido tratadas con relaciones de verticalidad, el poder de uno sobre el poder de los otros y para mantener esa superioridad se han aplicado herramientas de control y corrección. Así el castigo tenía, y sigue teniendo, un papel estelar porque “funciona”. Momentáneamente se logra “ganar” al niño o niña, se logra reducir la iniciativa infantil, se domina al hijo o alumno. Este resultado inmediato ha funcionado como aval, sello o ansiolítico para el educador que creía que así estaba educando bien, sin reparar en los efectos o consecuencias a largo plazo del uso del poder autoritario. 

Entonces no cree que el castigo sea una buena estrategia, ¿no?
Si nos preguntan, a casi todas las personas, nos gustaría que los chicos y chicas fueran responsables, dialogantes, tolerantes y un largo etcétera; sin embargo, no parece que dichos principios se desarrollen de manera espontánea. Integrar principios, valores precisa contar con modelos, saber cómo se aplican, verlos en los referentes educativos y además hay que contar con margen para practicarlos porque no se aprenden, ni desarrollan con sermones.

¿Qué están aprendiendo los alumnos cuando son castigados?
Cada vez que castigamos le estamos diciendo a la infancia que es así cómo se abordan los problemas: sin escucha, sin diálogo, sin consciencia emocional, sin acuerdos, sin enfoque en soluciones… les confirmamos con nuestros hechos que los desafíos se resuelven de manera reactiva, gritando, amenazando, sometiendo, humillando, avergonzando…
Cuando castigamos, la infancia pierde una maravillosa oportunidad de resolver la vida pensando, les quitamos el gimnasio de valores, de principios… y luego, cuando crecen y no poseen recursos para desenvolverse de manera adecuada no nos vemos parte de la sociedad del disvalor que entre todos hemos creado.

Cuando una mala conducta tiene una consecuencia no deseada por el niño, ¿se puede considerar castigo?
Si un niño se siente validado emocionalmente, si el adulto no le resulta amenazante, no se siente castigado; comprender no quiere decir aceptar la conducta, comprender quiere decir que el niño siente que estás de su lado, no en su contra, que se buscan soluciones, no culpables.
Este primer paso es inexcusable cuando se desea abordar una situación conflictiva porque si el alumno, a través de tu actuación, valora que estás juzgando y sentenciando, su cerebro deja de funcionar racionalmente para pasar a trabajar desde el sistema límbico, emocional e impulsivamente. Es decir, ya “perdiste” al alumno para resolver el problema porque para su cerebro el problema, ahora, eres tú.

Interesante…
Cuando los niños viven repetitivamente experiencias de este tipo hay pocas oportunidades para que las zonas cerebrales que tendrían que estar desarrollándose para dar soporte a funciones superiores lo puedan hacer. Así el pensamiento causal, consecuencial, de principios-fin, el alternativo, se ven mermados en beneficio de las respuestas de reactividad, ataque, defensa, inhibición, evasión…

¿Cuál es el desafío? ¿Cuál es la solución? 
Este podría ser un planteamiento para abordar problemas de manera no hiriente, parece obvio ¿verdad? Pues actuamos como si no lo fuera. No involucramos a infancia, no dejamos de lado la furia adulta y la infancia se ejercita en patrones que no son beneficiosos ni para ellos, ni para la sociedad. 
A resolver problemas no se aprende a los 25 años después de haber pasado esos 25 con amenazas, etiquetas, castigos y premios para doblegar la voluntad o manipularla.

¿Qué cambios observas en el entorno en los que se hace el cambio de chip respecto a las disciplinas?
Los cambios son muy lentos porque estamos hablando de transformación de mentalidad y aprendizaje de otras habilidades para educar. Aún así, y aunque al adulto nos cueste mucho esfuerzo, los resultados en los niños son asombrosos. A todo el mundo le gusta el buen trato. En una institución educativa no debería ser de otra manera.

Los adultos que tienen aprendida la disciplina negativa, ¿cómo pueden cambiar y aplicar la disciplina positiva?
Efectivamente en nuestras redes neuronales hay instaladas maneras de hacer que fluyen en formato de automatismos, el autoritarismo, el control, se nos dan bien. Cuando un profesional de la educación decide revisar cuál está siendo su impacto en la construcción humana que es cada uno de sus alumnos y no nos encontramos “beneficiosos”, pienso, no queda otra que valorar qué se está haciendo y cómo. Hay muchos docentes que de manera genuina conectan bien con la infancia y hay otros muchos que están haciendo mucho trabajo, mucho esfuerzo, pero fracasado en la influencia que suponen para niños y niñas. 

¿Se puede cambiar? ¿Se puede mejorar? 
Sí, se pueden aprender otras destrezas para educar, para relacionarnos con los niños, de manera más humanizada, más compasiva, más ética. No es opcional, hay unos mínimos que deben estar garantizados porque los niños no pueden defenderse del impacto adulto.

¿La Disciplina Positiva, es solo una forma de educar o de dirigirse a los niños o también es aplicable a la vida adulta?
La Disciplina Positiva empieza en la persona, en cada uno de nosotros está el foco del cambio. No se trata de aprenderse un listado de tips, se trata de revisar la actitud en las relaciones personales. No es probable que puedas compartir lo que no posees. 

¿Qué impacto tiene la actitud o el modelo del adulto frente al niño o niña cuando hablamos de disciplina?
Al hilo de lo comentado anteriormente, es la actitud la que da soporte y aval a la estrategia. Puedo estar cambiando mi lenguaje, intentar preguntar a mis alumnos en vez de “dar órdenes” todo el día y no ser efectivo sencillamente porque al preguntar no me he trabajado la actitud de respeto hacia lo que piensa el otro, pregunto sin querer saber.
No es fácil obtener cooperación si mi actitud no da espacio para la decisión infantil, si no la pido con respeto.
Tampoco será funcional la Disciplina Positiva si esperas obediencia en lugar de enfocarte en alentar habilidades socio emocionales en el alumnado.

¿Cómo se puede trabajar este tipo de disciplina en centros educativos? 
El programa que ofrece la Disciplina Positiva para el aula es tan valioso que cuesta admitir que no se aplique ¡ya!, en los centros.
Cuando un centro escolar opta por la Disciplina Positiva está abordando un programa de comunidad educativa en la que los niños y niñas pueden ver satisfechas sus necesidades.

¿Que deben tener los docentes en cuenta?

  • ¿Estoy comprometido con el desarrollo de meros objetivos académicos en mis alumnos o puedo ser un educador que asegure la pertenencia y aliente la capacitación de mis alumnos?
  • ¿Se ejercita el poder personal en tu aula, los niños tienen oportunidad de sentirse valiosos, significativos? ¿Mis alumnos tienen tareas de importancia en el aula?
  • ¿En mi comunidad se invita a la obediencia o se puede crecer y aprender? ¿Cómo se regula la convivencia? ¿Son reglas “labradas en piedra”? ¿Cuáles son los acuerdos en esta comunidad? ¿Mis alumnos ayudaron a crearlos? ¿Hay consenso? ¿Cómo perciben mis alumnos el clima del aula? 

Preguntas que hace reflexionar, ¿quiere añadir alguna más?

  • Niños y niñas informados, orientados, seguros, confiados: ¿Las rutinas están claras y bien establecidas? ¿Mis alumnos las entienden? Los niños sienten rebeldía cuando les dicen qué hacer, pero se muestran cooperativos si han sido involucrados respetuosamente en el proceso. 
  • ¿Cómo me controlo a mí mismo cuando me siento estresado? ¿Qué hago cuando “me destapo emocionalmente”? 
  • ¿Hay recursos en el centro para identificar las emociones, para manejar el estrés? ¿Los niños conocen maneras de comunicar lo que sienten, lo que piensan, lo que necesitan? ¿Sin herir, sin lastimar?  

¿Qué supone la vivencia de la Disciplina positiva en un centro educativo?
La vivencia de la Disciplina Positiva en un centro escolar supone que el docente se permita a sí mismo una revisión profunda de creencias y un cambio sistémico para crear potentes comunidades de aprendizaje en las que todos los alumnos puedan desarrollarse social, emocional y académicamente.

Algunos docentes optan por echar del aula a aquel o aquellos alumnos que interrumpen o muestran faltas de respeto. ¿Cómo se interpreta este comportamiento desde la Disciplina Positiva?
Los alumnos que muestran conductas de falta de respeto lo que están diciendo es que no poseen habilidades socioemocionales, el adulto puede recoger el mensaje o bien ignorarlo y castigar. Los errores que se tapan no desaparecen, los errores que no se abordan quedan sin trabajar. De este modo, y como si de un pase de bola se tratara, nadie se responsabiliza de esta llamada de atención del alumno, de esta solicitud de ayuda. 

En este caso, ¿qué alternativa se propone desde la Disciplina Positiva?
Desde el planteamiento de la Disciplina Positiva se invierte tiempo en trabajar sistemáticamente las habilidades necesarias para que la infancia sepa reconocer su estrés y desarrolle herramientas de autocontrol y autorregulación (conciencia emocional, ruedas de modulación del enfado) así como también dedica el tiempo que haga falta para la enseñanza de recursos (cocreación de pautas de convivencia, cocreación de rutinas, corresponsabilidad) con los que los niños puedan comunicar sus sentimientos, pensamientos y decisiones de manera útil y no hiriente (recursos de asertividad y empatía).
No es posible que las convivencias sean armónicas si niños y niñas solo cuentan con el control y la punición; si queremos comportamientos socialmente útiles y saludables, la infancia debe contar con aportes positivos.

¿Cómo voy a respetar si lo que veo, lo que siento, lo que me aplican, es amenaza, etiqueta, castigo, premios, soborno…?
Aprender a vivir no es recibir sermones, ni clases magistrales es contar con modelos y poder practicar recursos para establecer acuerdos y enfocarse en soluciones.


Si te ha gustado la entrevista a Marisa Moya, no te pierdas las de Jane Nelsen: “La Disciplina Positiva no es ni permisiva ni represiva”.

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