¿Cómo crees que se aborda el consumismo desde el prisma educativo?
Ahora que estamos en Navidad, semanas de máximo consumismo, han aparecido, entre muchos otros dos spots publicitarios que creo que deberían hacernos reflexionar. Uno de ellos es de una tienda de juguetes cuya campaña lleva por lema “Más, más y más”. Los niños esperan la llegada del catálogo de juguetes para señalar todo aquello que quieren. El otro es de una conocida tienda de muebles y objetos para el hogar cuya campaña titula “La otra carta”. En ella los niños reflejan lo que de verdad desean de sus padres, que suele ser tiempo y atención. Creo que son dos ejemplos claros de lo que se debe hacer y lo que no, y que además deberían hacernos reflexionar.

¿Qué mensaje destacarías de estas dos campañas?
Debemos darnos cuenta que todo lo que regalamos es un sustitutivo de la atención que no estamos dando a los niños.

¿Los niños están demasiado expuestos a la publicidad?
Si, lo estamos todos. Desde la segunda guerra mundial la economía se ha basado en la producción y se ha impuesto un capitalismo exagerado. La venta de objetos y servicios ha jugado un rol crucial, tanto en niños como en adultos. Hay diversos documentales sobre neurociencia que explican muy bien nuestros impulsos consumistas y como el marketing y la publicidad operan a través de ellos.

¿Hay manera de resistirse?
Yo tuve tiempo de reflexionar sobre nuestra sociedad cuando me fui a vivir a Taiwán. Allí me inmunicé a la publicidad sencillamente porque no la entendía. Recibía los mismos impactos que los demás pero no los procesaba porque no llegaba a comprender la totalidad del mensaje. Ahora vivo sin tele y limito mucho mi exposición a los medios de una forma consciente. Pero desde luego, no estamos educados para esto. Hay algunas ciudades que se han planteado iniciativas como eliminar toda la publicidad de la calles y los espacios públicos. ¿Os imagináis vuestra ciudad libre de inputs publicitarios?

¿Las familias y las escuelas pueden hacer algo para fomentar un consumo más responsable?
Si por supuesto, hay margen. Pero no se trata tanto de educar a los niños y niñas sino de rodearlos de ejemplos estimulantes y responsables. Es algo que los niños tienen que vivir para interiorizarlo no vale con explicarles qué se debe comprar y que no.  Igual que con el reciclaje y con la reutilización de materiales se ha hecho un trabajo fenomenal que ha conseguido que los propios niños sean promotores e instigadores de este hábito en su casa, deberíamos lograr lo mismo con el consumo. Empiezan a existir iniciativas muy interesantes al respecto, pero aún nos queda camino por recorrer.

¿Qué tipo de iniciativas?
Mira, en Barcelona, y me consta que en otras ciudades del estado ya se ha importado el modelo, existe SocialToy. Lo impulsan grupos de padres que se organizan para llevar una caja de juguetes a los parques y con ello es con lo que juegan sus hijos. De esta forma aprenden a compartir, a cuidar los juguetes, a respetar a los demás. No hace falta que cada niño lleve lo suyo, sencillamente comparten.

¿Percibes un cambio de chip, entonces?
Si en muchos ámbitos si. Las nuevas generaciones además están asumiendo estos cambios como naturales. Los jóvenes de hoy en día, por ejemplo, no entienden la música como un acto de posesión. Saben que existen plataformas a las que pueden acceder y desde ahí escuchar lo que les plazca como les plazca. La clave está en la accesibilidad a cosas y servicios.  La tecnología nos está poniendo las cosas cada vez más fáciles y cada día aparecen nuevas plataformas y aplicaciones para consumir de una forma más eficiente sin obligarnos a adquirir aquello que queremos o necesitamos en un momento determinado.

¿La tecnología juega un papel importante?
Por supuesto, sin ellas no se estaría simplificando el acceso a las cosas como está sucediendo. Deberíamos poder acceder a productos y servicios bajo demanda de forma tan fácil como podemos acceder a la compra. Mira, yo soy muy aficionado al esquí, y tengo mi propio equipo para ir siempre que el tiempo me lo permite. Pero la mayoría de gente alquila los equipos porque para el uso que les daría no le sale rentable invertir en un equipo completo. Esta es la filosofía: comprar sólo aquello que tiene sentido poseer para cada uno.

Se trata de promover un consumo más eficaz.
Lo que debemos cuestionarnos es si debemos comprar todo aquello que necesitamos en un momento dado o si existen otras opciones para solventar la necesidad que tenemos. El ejemplo del taladro quizás es el más conocido. Cuando tenemos nuestro primer piso o cuando nos mudamos la gente se compra taladros para hacer 4 agujeros. Y luego aquel objeto queda abandonado en un armario durante años. O lo mismo con los coches. Nuestros vehículos están estacionados el 95% del tiempo. ¿De verdad necesitamos adquirir uno para asegurar nuestra movilidad? No se trata de no comprar nada, en absoluto. Se trata de reflexionar sobre el uso que le vamos a dar y si lo vamos a amortizar, y de tener claras otras posibilidades existentes, como el alquiler. Me gustaría poder ir a un centro comercial y tener la opción de comprar, comprar de segunda mano o alquilar.

¿Podemos educar en un modelo de consumo responsable?
Yo no diría tanto educar si no aprender. No se trata de obligar a nadie a modificar sus hábitos, sino a que descubra por sí mismo la cantidad de posibilidades que tiene al alcance y que compruebe por su propia experiencia las ventajas de este tipo de consumo.

Aconséjanos tres experiencias que consideres clave y que funcionen actualmente
La primera creo que sería Wallapop, una plataforma de compraventa de segunda mano donde los ciudadanos ponen a disposición de todo el mundo objetos que ya no utiliza por un módico precio. Es una herramienta sencilla de utilizar y está teniendo mucho éxito.

Otra que me parece especialmente interesante es Goteo, una plataforma de Crowfounding, que solo acepta financiar proyectos en los que toda la sociedad se vea beneficiada. En esta plataforma solo pueden buscar recursos aquellas propuestas que reviertan en el bien común y el producto final debe ser de acceso libre para todos. Acaban de recibir el premio a la mejor ONG cívica de Europa.

¿Y por último?
Pues me parece muy eficaz La Colmena que dice sí. Es una plataforma de compra cooperativa de proximidad de productos alimentarios, de detergentes, etc. Existen muchos grupos de consumidores ya en nuestras calles pero a través de esta plataforma se dota de una tecnificación superior a todo el proceso, una forma de organizarse diferente.

Si tuvieras que hacer ahora mismo un regalo a un ser estimado, ¿Qué le regalarías?
Yo ahora mismo lo que más valoro es el tiempo de calidad, porque es lo más me escasea. Poder disfrutar de la compañía de las personas sin tener que ir corriendo siempre a todos lados, creo que para mí es el bien más preciado ahora mismo, ¡aunque suene un poco cursi!

Acerca del autor

Tiching

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