¿Qué papel tiene que realizar un equipo directivo en una escuela hoy en día?
Un equipo directivo debe estar pendiente de asegurar una estrategia de centro y esto implica estar muy pendiente de los inputs del exterior pero también del interior, ser sensible a las características del proyecto del centro, etc. Debe ser capaz de jugar con todos los elementos para ser conscientes de las cosas que hay que hacer para alcanzar sus objetivos. A partir de aquí, el equipo directivo debe convencer al claustro para que haga suyo el proyecto. Los cambios son lentos por necesidad, porque no se trata de “vender” el proyecto al equipo docente, si no de hacérselo sentir como un proyecto propio. Es muy importante que esto sea así.

¿Qué puede hacer el equipo directivo cuando el claustro es reticente a un cambio?
Tenemos que poner la vista en los profesores proactivos, no al revés. Tenemos mucha tendencia, cuando empezamos proyectos de transformación, a mirar hacia aquellos que pondrán pegas. A veces, nosotros mismos bloqueamos el tema o predisponemos a las personas a que sean reticentes.

¿Y cómo podemos revertir esto?
El proceso debe ser al revés: cuando empiezas un proyecto de transformación hay que establecer un equipo impulsor que no sea el equipo directivo. Este grupo de gente debe garantizar que es un motor, que empiezan a llevar a cabo buenas prácticas y que una vez evaluadas, se pueden compartir con el resto de compañeros.

¿Esto ayuda a hacer piña con el resto de claustro?
En una escuela, como en cualquier otra comunidad, las personas reactivas no lo son de por sí, lo que tienen es miedo o incomodidad por salir de su área de confort. La mejor manera es hacerles formación, acompañamiento, demostrarles que los niños y niñas aprenderán, etc., es hacerles sentir bien con el proceso. Estas personas cuando se sienten acompañadas se convencen solas de la idoneidad del cambio.

Forma parte del proyecto Educació Demà de la Fundación Jaume Bofill, ¿nos puede explicar en qué consiste?
Es un proyecto que busca arrojar luz y reconocer a un seguido de iniciativas que desde hace 4 o 5 años que demuestran la necesidad de este cambio en la educación. Son las primeras flores de esta primavera educativa, las primeras propuestas de buenas prácticas dentro del sistema educativo. Lo primero que se hace es recoger buenas experiencias y a partir de aquí establecer líneas de trabajo: evaluación, gestión de equipos, gamificación, etc.

¿Visibilizar estos proyectos sirve a otros centros educativos?
Nosotros creemos que una de las cosas que puede ayudar más es ver que los cambios son posibles pero que los proyectos casi nunca son replicables. Nuestra escuela es una de las más visitadas por otros docentes y siempre les digo que lo que nosotros hacemos aquí a ellos no les servirá al dedillo en su centro. Pero para lo que sí les sirve es para ver que la transformación es posible. El cambio no cae del cielo, hay que trabajarlo. Pero cada centro debe tener su proyecto propio y específico.

¿Cuál cree que es la clave para iniciar la transformación?
Es muy interesante asistir a charlas sobre experiencias exitosas, pero a los docentes lo que les convence para iniciar un proceso de transformación es ver que los niños aprenden, que tienen interés, que son autónomos.

¿Qué cambios has visto en los alumnos a lo largo de tu trayectoria?
En los alumnos no he visto tantos. En realidad, los niños, los adolescentes, son igual antes que ahora. Esto les viene determinado por una evolución psicológica y biológica que no ha variado.  Lo que sí ha cambiado es su entorno y su forma de relacionarse con él. La tecnología y sobre todo internet, la globalización, la inmediatez, y algo clave que a veces pasamos por alto, y es el cambio en la escala de valores. Éstos, son elementos que sí son importantes porque hacen que pese a que los niños y adolescentes sean iguales, el paso por la escuela les debe servir para vivir en un mundo totalmente diferente.

Esto, ¿a qué obliga a la escuela?
La escuela debe saber darles herramientas para este mundo. Ahora los títulos tienen una importancia relativa, y los alumnos deberán mantener durante toda su vida esta actitud de aprendizaje constante. Hay que transmitirles seguridad personal, debemos trabajar mucho la inteligencia emocional, en la capacidad de relacionarse, etc. Tenemos que hacer gente muy fuerte, personas con capacidad de autorregulación de su vida. Nosotros lo llamamos “gente con potencial de aprendizaje” porque su vida será esto.

¿Es lo único que tenemos claro sobre su futuro?
Sí, porque no sabemos cómo serán sus profesiones. Pero esto es un reto personal super interesante. Serán personas que tendrán muchas posibilidades, vivirán en un mundo que no será estable, pero debemos repensar el valor de la estabilidad.

¿En qué sentido?
Quizá la inestabilidad, que siempre hemos visto como algo negativo, ahora puede significar más oportunidades.
Esto va a estimular la capacidad de autosuperación. Fíjate que además está autosuperación será un reto personal, algo que deberán exigirse a sí mismos, nadie les pedirá ahora que se esfuercen.

¿Se puede aprender y enseñar fuera de las aulas?
Por supuesto y para nosotros esto es clave. Lo decimos siempre “menos deberes y más continuidad de aprendizaje”. Yo tengo muy claro que las cosas más importantes de la vida se aprenden fuera del aula: trabajar en equipo, la superación, las relaciones humanas.

¿Y cómo lo hacéis en vuestro centro?
Teniendo mucho contacto con el exterior: incorporamos proyectos del mundo de la empresa, del mundo social, haciendo que los alumnos participen en proyectos que son de verdad, no simulaciones. En la escuela ya no sirve aprobar exámenes y obtener títulos, lo que se aprende sirve para la vida y esto significa que la vida debe entrar en la escuela.
Aprender a defender tus ideas en un debate, la gestión de conflictos, esto deben ser objetivos de los centros.

¿Y las familias como viven esta transformación de la educación?
Mirad, cuando la crisis económica afectó a muchas de las familias de nuestro centro, los padres y las madres nos decían “yo me estoy reinventando para salir adelante, quiero que mis hijos estén preparados para pasar por esto”. El equipo directivo debe tener presente que hay que dedicar muchos recursos a explicar a las familias y al entorno el porqué del proceso de transformación.
Las familias se angustian cuando ven que no pones notas, es algo que les viene de nuevo. Sin embargo, las escuelas más transformadoras son las escuelas más solicitadas. Las familias saben que este cambio es imprescindible para el futuro de sus hijos.

Hablemos de la evaluación. ¿Quién debe llevarla a cabo y por qué?
Nosotros trabajamos mucho el tema de la evaluación, pero sobretodo la coevaluación, la autoevaluación y la heteroevaluación. Las familias también participan de esto, es importante que las familias se incorporen en este tema.

¿Cómo viven los niños la evaluación?
Demuestran una madurez que creo que no esperábamos. Muchos informes empiezan con la reflexión del alumno y es increíble la madurez que tienen para explicar qué han aprendido, cómo han trabajado, qué es lo que tienen que mejorar, como es su relación con los compañeros, etc. En la evaluación trabajamos el ámbito académico pero también la relación con los demás y el autoconocimiento. Los niños se ponen objetivos de mejora en todos los ámbitos, es muy holístico.


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