¿Qué papel tienen los museos en la educación de las personas?
Los museos formamos parte de la cultura de la educación en el sentido que somos espacios donde la gente reconoce que no solo se estimula el conocimiento si no que hay unas actitudes cívicas o formalismos implícitos. Aquí hay una educación inversa: los museos no son lugares sagrados, donde estar en silencio. Son lugares donde la gente se puede expresar, donde los niños se pueden apropiar de los espacios.

¿Es un espacio de ocio o de conocimiento?
El museo es un espacio de ocio, así lo percibe la ciudadanía. Y esto provoca una tensión con el espacio educativo. Yo creo que los museos de la ciencia asumimos esta tensión con normalidad y debemos ser conscientes que en cada actividad, espacio, taller, tenemos que encontrar el equilibrio entre entretener y promover el conocimiento. El peso del contenido es importante, siempre hay una carga educativa.

¿Y esto cómo se consigue?
Lo que nosotros queremos es estimular el conocimiento. Poco o mucho por eso tenemos un abanico tan amplio de actividades. Por ejemplo el Clik es una actividad que intenta que los niños y niñas se hagan preguntas, pero de una forma lúdica. En el otro extremo tenemos los ciclos de conferencias de grandes científicos que vienen a explicar los últimos descubrimientos: esto es conocimiento puro y duro. El Toca Toca es un espacio muy valorado, pero es una actividad donde el peso de lo lúdico es mayor que el del conocimiento y es una actividad que pretende transmitir la sensibilidad por favorecer el bienestar animal y de los ecosistemas. Esto no lo conseguíamos y teníamos una paradoja interna muy grande. El cambio fue clave: pasar de 50 minutos a 75. Lo que necesitábamos era tiempo para poder dotar de contenido una actividad tan exitosa como importante.

¿Donde aprendemos ciencia?
Formalmente, aprendemos ciencia en el colegio. También aprendemos cultura, y la ciencia es cultura, a través de los medios de comunicación. Para lo bueno y para lo malo, desde los fakes a los no fakes.

¿Es posible aprenderla sin practicarla?
Aprender ciencia sin practicarla es difícil, nos lo explican muy bien las nuevas pedagogías que impulsan el trabajo por proyectos. Sobretodo en las ciencias puras, vemos que hay déficit de estudiantes en estas carreras porque perciben que hay mucha teoría, que tiene poca utilidad, que les queda lejos. Hay que acercar este conocimiento a la vida cotidiana. Nosotros estamos trabajando en una reforma de la sala permanente que va a incluir un laboratorio matemático donde no habrá ni ordenadores ni calculadoras.

¿Y cómo lo harán?
Con aproximaciones a la geometría, a la reflexión, a contar de otra forma, etc. Esto en la escuela formal ya está pasando, aprender matemáticas sin que parezca que lo estás haciendo. Esto funciona muy bien para evitar frustraciones. Los museos tenemos un papel muy importante en esta labor porque podemos ayudar a poner otro valor a estos conocimientos.

Hemos pasado de una museografía clásica muy estática a una museografía muy dinámica y participativa. ¿Qué se persigue? ¿Qué se ha conseguido?
A nivel conceptual lo que se busca es un lenguaje propio. Una exposición es un medio de comunicación, una museo es un media. Pero no somos la televisión, ni internet, ni radio, ni una revista, etc. Este lenguaje debe ilusionar y seducir: necesitamos emocionar para perdurar, para provocar un conocimiento o al menos estimularlo.
En un momento dado empezamos a dar mucha importancia a interactuar, a participar, porque hacer una exposición de ciencias sin poner textos, que por otro lado nadie entiende, es complicado.

Y hacerlo atractivo a los niños tampoco debe ser fácil.
En un momento dado, sobre todo en el mundo anglosajón, aparecen los Children Museum. Yo no los he visto todos, pero algunos más que un museo son ludotecas, muy chulas, pero ludotecas. No hay una voluntad real de estimular el conocimiento. Sin embargo hay otras como el MUBA (Museo dei Bambini de Milano) que tiene una propuesta espectacular porque buscan la estimulación pero basándose en la pedagogía.

¿Qué es lo más importante para que los pequeños aprendan en un museo?  
Es muy importante que los niños se hagan preguntas. Tradicionalmente la escuela ha funcionado como transmisora de conocimientos pero no como estimuladora de interrogantes. La educación por proyectos sí que está impulsando este cambio que creo que es clave.

¿Cómo se decide qué formatos utilizar para transmitir el mensaje en una exposición?
El tiempo que la persona está en el museo es muy importante para decidir qué y cómo trabajar y transmitir. Algo que está muy demostrado es que la gente no lee. Pero el guión de la exposición se tiene que expresar así que de un modo u otro el texto es necesario. Esto, en definitiva, nos obliga a nosotros a pensar diferentes tipos de experiencias, ya sean multimedias, interactivos u otros formatos, que transmitan el conocimiento clave de la exposición.

¿Los museos tienen las responsabilidad o capacidad de estimular el sentido crítico?
Yo creo que es una obligación. El método científico tiene unas fases: hipótesis, aplicación y evaluación. Y lo más importante: no tener miedo a que la hipótesis haya cambiado, porque has vivido un tránsito y puede ser que estuvieras equivocado. Tenemos asumido que el método científico es crítico porque asume que no todo es verdad, que se debe comprobar, que ser crítico es importante, que a veces hace falta un punto de escepticismo. Lo difícil es transmitir esto sin “alarmar” a los visitantes. Un ejemplo de esto es nuestra actividad Creactivity.

¿En qué consiste?
Es un espacio para pensar con las manos. Estamos trabajando sobre esta actividad para transmitir que cooperando las cosas salen mejor. También trabajamos el valor del error, que es consubstancial a construir. Sin equivocación, sin crítica, no avanzamos: la ciencia está llena de errores exitosos y de errores necesarios.

Y en cuanto a exposiciones, ¿nos puede poner algún ejemplo?
Sí, una con mucha controversia, sobre todo interna. Hicimos una exposición de Joan Fontcuberta, que se llamaba Sputnik. Era una exposición que explicaba una historia que no era verdad. Es una apuesta artística: una historia que él había construido a partir de una mentira. La preocupación del artista era denunciar las mentiras de las imágenes. Pero poner esto en un museo de la ciencia es complicado porque la gente espera ver “verdades”. Lo que nosotros queríamos es que la gente dudara, que fuera crítica, porque es fundamental en el método científico para poder analizar bien la realidad. Para conseguirlo incorporamos educadores en la sala que escuchaban las conversaciones y se incorporan para acompañar a los visitantes en el descubrimiento de la crítica.

La comunicación es clave para la ciencia.
La gente de la ciencia tiene que hacer el esfuerzo de comunicarse y explicarse a la gente. Cuando vamos a una exposición que es un evento de masas, la comunicación es esencial. El marketing, en su justa medida puede ayudar a hacerte atractivo. Pero hay que ser prudente para no caer en la banalización del contenido.

¿Qué perfiles profesionales hay detrás de una exposición de Cosmocaixa?
Cuando empezamos una exposición siempre hay muchos científicos, personas altamente formadas en ciencia que validan y dan forma al contenido. Dentro del equipo de contenidos también hay pedagogos, gente que se dedica al diseño, a plataformas multimedia, a la edición de vídeos, etc. También hay museógrafos y museólogos para que una exposición pueda explicar bien un guión científico. También aparecen carpinteros, ingenieros, electrónicos, interioristas, etc. Por último se incorpora gente de marketing y de comunicación.
La exposición es un espacio físico, pero luego se desarrolla: conferencias, actividades pedagógicas, actividades escolares, etc. La idea es que la exposición no sea solo el espacio expositivo si no que crezca con satélites que llegarán a diferentes públicos.

¿Nos puede hacer alguna pincelada de la iniciativa Explainers de Cosmocaixa?
Explainers puede ser el resumen de todo lo que hemos hablado, concretado en un universo muy pequeñito pero muy especial. El origen de esta apuesta es una iniciativa personal de un grupo de alumnos que querían explicar ciencia. El público joven es difícil porque están en una edad complicada pero nosotros tenemos como objetivo promover vocaciones científicas y teníamos que llegar a ellos.

¿Y cómo lo hicisteis?
En este caso, gracias al azar, que llegó como un meteorito con el grupo de jóvenes que os comento que querían aprender a explicar ciencia. Aceptamos este pequeño experimento con ellos y fuimos conscientes enseguida de este potencial. Impactamos en vocaciones, queríamos hacer algo con jóvenes: ya lo teníamos.
A partir de aquí empezamos a elaborar el proyecto.

¿A quién se dirige?
A jóvenes de segundo ciclo de ESO y primero de bachillerato principalmente. Están en ese momento crítico en el que tienen que decidir hacia dónde tirar. Nuestro objetivo con este programa es vincularlos al museo. Como es un proyecto participativo contamos con escuelas del distrito para avalar e impulsar este proyecto.

¿En qué consiste exactamente Explainers?
Formamos a los jóvenes para que expliquen ciencia, los vinculamos al museo, les enseñamos las entrañas de Cosmocaixa y luego les convocamos para que vengan al museo a explicar ciencia a los visitantes. Nuestros Explainers tienen una conexión muy bonita y eficaz con otros jóvenes y con niños y esto hace despertar el interés en los pequeños visitantes.
Estamos enseñando a explicar ciencia, pero esto tiene otros aprendizajes colaterales: muchos nos han reconocido que ya no tienen miedo de hablar en público, que han dejado de ser tan tímidos, que se sienten más cómodos.

¿Cómo se sienten los jóvenes al realizar esta actividad?
Los jóvenes están felices por transmitir conocimientos y que se les reconozca esta labor, hay muy buen acompañamiento de la escuela y las familias están muy felices.
Estos jóvenes se familiarizan de una forma muy bonita con el museo y a su vez se empiezan a convertir en referentes en ciencia para sus centros educativos. Explainers empieza como un proyecto pequeño que estamos haciendo crecer muy despacio para hacerlo crecer bien. Estamos muy felices con el resultado.


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