Definamos educación inclusiva ¿Qué es y qué no es educación inclusiva?
La educación es inclusiva cuando las escuelas y aulas no excluyen a ningún alumno.  Todos los niños, sean cuales sean sus necesidades, están en la misma escuela, aprendiendo juntos en las aulas. Si hay una educación inclusiva, no es necesario sacar a los alumnos “diferentes” del aula para trabajar con ellos ciertas capacidades o habilidades. Todos los docentes y profesionales se comprometen a implementar metodologías inclusivas en el aula,  llevando a cabo prácticas educativas juntos, aprendiendo los unos de los otros, los docentes habituales con los docentes y profesionales especializados (profesores de apoyo, psicopedagogos, logopedas, fisioterapeutas…).

¿A qué tipo de discriminaciones se enfrentan nuestras aulas?
De todo tipo, como en la sociedad… Miradas que incapacitan, que discriminan, que solo ven las diferencias: “tú no sabes, tú no puedes, tú no vales, que lo haga él que sí sabe, él sí puede, no es necesario que lo aprendas, vamos al aula especial para poderte enseñar…”

¿Cuáles son los principales errores que cree que se cometen en las aulas en relación a la educación inclusiva?
Pensar que los alumnos con necesidades educativas especiales necesitan cosas y tratamientos muy especiales porque son muy distintos. Miradas que solo ven lo patológico,  lo especial, lo distinto… Miradas que desarrollan la creencia de que es muy complicado enseñar a esos niños tan distintos y creer que son necesarios recursos muy especiales.  Esos alumnos en realidad sí son diferentes y únicos, ¡pero como todos los otros! Son niños y tienen las mismas necesidades que los demás: ser felices, aprender, ser amados, apreciados, jugar, crecer y  convertirse en personas lo más autónomas posible. Esas miradas sesgadas hacen que los docentes no se sientan preparados para enseñar a esos niños. En realidad, un buen docente solo necesita tener curiosidad, afecto, y acercarse y hablar con ellos para ver que son solo niños.

¿En qué se diferencia la educación inclusiva de la educación especial? ¿Y la integración de la inclusión?
En la educación inclusiva los recursos humanos, materiales de apoyo y técnicos son para todos los alumnos y todos los docentes, no son solo para unos niños “especiales”.  En la educación especial, en cambio, esos recursos son para los alumnos con necesidades educativas especiales. Inclusión implica el cambio de todo el centro, de todos los docentes, para atender a todos los alumnos, sean cuales sean sus necesidades. En la integración el acento se pone en integrar a los alumnos vulnerables o con necesidades educativas especiales, se les proporcionan apoyos para que se integren en la dinámica ya existente. Pero eso no implica un cambio de todo el centro para incluir y educar a cualquier alumno.

¿Qué papel tienen actualmente las escuelas de educación especial?
Actualmente las escuelas de educación especial son, en su mayoría, recursos para aquellos alumnos que no han podido encontrar una escuela que los acoja y los eduque. En la escuela de educación especial esos alumnos son educados para que en el futuro se integren en la sociedad. En la medida en que las escuelas ordinarias no se sientan obligadas a cambiar porque tienen toda la diversidad de alumnos en sus aulas, siempre se necesitarán escuelas de educación especial que hagan esa función y acojan a esos alumnos. Pero… ¿por qué no convertir las escuelas “ordinarias” en escuelas para todos? Esa escuela es la sociedad en pequeño que en el futuro todos los alumnos van a encontrar en su barrio.  Deberían aprender a vivir en la escuela con toda esa diversidad que encontrarán en la sociedad.

¿Y qué papel deben tener en un futuro? ¿Tienen sentido?
Su papel debería ser el de implicarse en una educación inclusiva junto a las otras escuelas. Convertirse en apoyos para la inclusión. Poner su saber, conocimiento y recursos al servicio de las escuelas del barrio, de las escuelas ordinarias a las que van la mayoría de alumnos.

A menudo se habla de falta de recursos para atender a la diversidad. ¿Qué recursos necesita una escuela para avanzar hacia la educación inclusiva?
En realidad, según mi opinión no se trata de un problema de recursos. Recursos hay, el problema es cómo se usan, cómo se distribuyen, cómo sirven realmente para que todos los docentes y el personal del centro se sientan capaces de atender y educar a todos los alumnos.  Las actitudes, los valores, las políticas y las metodologías son mucho más importantes que los recursos.
He visto escuelas con muchos recursos especiales (unidades de apoyo para la educación especial, profesionales de apoyo, docentes de apoyo especializado, psicopedagogos…) que en realidad no se usaban para la inclusión del alumno en el aula, sino para hacer intervenciones con y para el alumno con necesidades educativas especiales de manera individual, fuera del aula, en prácticas desconectadas de lo que  sucedía en el aula.  En realidad esos recursos no se estaban utilizando para que el alumno se sintiera incluido en el grupo, ni tampoco estaban sirviendo para que la escuela avanzase hacia una educación más inclusiva.

¿Y qué se puede hacer al respecto?
Pienso que debemos estar muy atentos a cómo se utilizan los recursos que se van incorporando, no es bueno añadir demasiados recursos de golpe sin una intención clara de inclusión. Aplicar recursos humanos especializados sin una filosofía realmente inclusiva suele tener un efecto de expulsión de los alumnos especiales de las aulas ordinarias para que sean atendidos por múltiples profesionales fuera del aula. Si los profesionales especializados no se encuentran implicados y acogidos en las aulas y en la dinámica global del centro, desconocen lo que pasa realmente en clase y llegan a creer que sus conocimientos sobre el trastorno o la discapacidad son más importantes que los conocimientos y competencias educativas de los otros docentes.

¿Y qué efectos tienen estos hechos?
En consecuencia, los profesionales especializados tienden a alejarse del aula y a trabajar con esos alumnos “diferentes” en otros espacios y contextos, separados del grupo. Ese tipo de intervención, de manera inmediata, descarga la ansiedad de  los docentes habituales que no se sienten suficientemente preparados para atender a esos alumnos. Y así continúa la rueda de la delegación excesiva de responsabilidad educativa en los profesionales y docentes especializados. Una rueda que lleva siempre a pensar que el problema es que se necesitan más recursos, para en realidad no asumir la necesidad del cambio.

¿Qué es lo que realmente se necesita?
Para hacer una escuela inclusiva hay que cambiar la manera de enseñar y de trabajar de todo el personal del centro educativo. Los recursos deben utilizarse con esa finalidad: tienen que servir para que todos los docentes y profesionales aprendan a tratar la diversidad dentro del aula y en los contextos habituales del centro. Hay que entrar en las aulas, colaborar con los docentes, llevar a cabo prácticas de docencia compartida, apoyo dentro del aula para aprender juntos a realizar prácticas realmente inclusivas en el aula y en la escuela.  

¿Cómo se relacionan los términos escuela inclusiva e innovación?
Si van de la mano es fantástico. Se apoyan mutuamente de una manera creativa, humana, inclusiva, multiplican los recursos metodológicos. Las metodologías innovadoras, si tienen en cuenta la diversidad – ¡y, por definición, deberían tenerla en cuenta! – son ideales para que las escuelas sean más inclusivas. La inclusión necesita de la innovación. La innovación sin equidad ni inclusión queda vacía de calidad humana, queda al servicio de unos pocos privilegiados.

¿Qué tipo de barreras a la inclusión podemos encontrar en las aulas?
Podemos encontrar todo tipo de barreras: afectivas, actitudinales, metodológicas, en los materiales, en la manera de agrupar los alumnos, en cómo se trabajan los valores, en cómo se fomenta la ayuda entre iguales y la aceptación de lo diferente…

¿Son los docentes conscientes de ellas?
No todos. Hay muchos docentes sensibilizados, pero hay otros que no se lo han planteado. Para verlo, necesitan tener la oportunidad de reflexionar sobre ello. Entonces se dan cuenta. La cuestión es que a menudo tienen mucho que hacer y poco tiempo para pensar en estos temas, para plantearse interrogantes, para analizar situaciones del aula, para hablar con sus alumnos y con sus compañeros con calma y de manera sistemática.

¿Por dónde le recomendaría empezar a un centro que quiera convertirse en inclusivo?
Primero de todo, diría que no hay escuelas totalmente inclusivas y escuelas totalmente excluyentes. Todas tienen un cierto grado de inclusión y exclusión en según qué aspectos; por eso cada escuela debe hacer su propio camino. La escuela debe empezar por donde crea que necesita cambiar, después de reflexionar sobre su situación, sus valores y las dificultades que encuentran sus  alumnos.

Cada escuela es un mundo, dicen. 
Sí, cada centro educativo debe hacer un análisis compartido sobre su situación en relación con la inclusión. Hay diversos instrumentos de evaluación disponibles que sirven para que el centro identifique sus puntos fuertes y débiles; así pueden decidir por donde quieren empezar a plantearse objetivos de mejora y pueden trazar un camino que tendrán que ir revisando cada curso. Se trata de un recorrido en el que siempre se puede mejorar, un camino largo que exige constancia en el que se deben compartir los aciertos, las dificultades y los retos.  Avanzado como comunidad, aplicándose en procesos de cambio y mejora en los que todos participen, desde la dirección hasta el personal administrativo, el conserje, los cocineros… Todos deben sentirse implicados, evaluando cada curso las mejoras introducidas y planteándose nuevos cambios para continuar avanzando y aprendiendo a educar a todos los alumnos y alumnas.

¿Cuál es el papel de las familias en la escuela inclusiva?
En una escuela inclusiva las familias son una pieza clave y tienen que estar implicados en estos procesos de mejora. Hay que hacerlos cómplices y darles voz para que aporten sus ideas y propuestas para mejorar la convivencia y avanzar hacia la inclusión de todos sus hijos.

Acerca del autor

Tiching

Tiching es la red educativa escolar para encontrar, compartir y gestionar todo aquello relacionado con la educación. ¡Más de 600.000 personas ya se han unido!

Comentarios(4)

  • La inclusión que no atienda las necesidades de aquellos que incluye tampoco es la solución
    La inclusión real se dará cuando la educación satisfaga las necesidades de todos aquellos a quienes educa. Es decir no se trata de que todos estén dentro de la misma aula para aprender lo mismo. Pues resulta que lo que a un estudiante le sirve y necesita aprender para probablemente ir a la Universidad a otro estudiante con discapacidad intelectual por ejemplo que no sabe leer y escribir no le será de utilidad para aplicarlo en su vida.

  • La inclusión en las escuela , pienso que primero hay que ser un docente lleno de humanidad y preparación académica para poder comprender y atender la diversidad, desde cualquier ambiente y realizar la inclusión . en las aulas regulares hay muchos niños con “problemas ” que no son diagnosticados y en las escuelas especiales hay niños con muchas cualidades que son enterradas por un diagnóstico . Excelente material para tenerlo en cuenta docentes regulares ,especialistas y los padres y representantes

  • Augusto Najarro Rojas

    Esta actividad es un reto y una tarea pendiente que falta concretizar en la mayoría de las escuelas públicas y privadas de América en general y del Perú en particular. De hecho en el Perú se va incorporando algunas propuestas pedagógicas a partir de la aprobación Educación Intercultural Bilingüe de Calidad. Sin la inclusión de muchas lenguas en la enseñanza, no hay inclusión, por lo que, lo manifestado por Teresa es cierta: ” La inclusión necesita de la innovación. La innovación sin equidad ni inclusión queda vacía de calidad humana, queda al servicio de unos pocos privilegiados. Solo queda en palabras y no en hechos. Gracias por este aporte muy importante para empezar a trabajar la educación inclusiva.

  • María del Rosario Palacios

    Hola. Gracias por el tema tan de actualidad y que para América Latina y concretamente Ecuador fue un desafío de la llamada Década ganada del Presidente Rafael Correa. Nuestra inclusión empieza con la introducción en la nueva Constitución y es una política de Estado para generar el Buen vivir. Esto es el mejor soporte porque todos estamos comprometidos unos y obligados otros a trabajar por la inclusión. Los niños tienen un proceso de aprestamiento desde que nacen hasta que los tornan educables. Luego van a la escuela Básica, cumplida la cual siguen tres años de bachillerato. Conocí de cerca en la ciudad de Machala, capital de la Provincia de El Oro, Ecuador, en el Colegio de Bachillerato “Atahualpa” el caso de algunos estudiantes sordomudos que llegaron, por efecto de esta política de la inclusión y si bien los primeros días fue duro, luego el involucramiento del profesor y los demás estudiantes fue clave, luego las autoridades del plantel, padres, autoridades de diferentes niveles para dotar de una persona que haga de traductor de la clase a través del lenguaje de señas, que nadie sabía en el plantel. La gran dosis de compromiso de esas personas logró que esos chicos se gradúen de Bachilleres, y siguieron llegando más. Los volví a ver a los tres y cuatro años a interior de la clase en dos oportunidades: en clase normal y en exámenes. Para mí fue fabuloso ver la sana convivencia que se había operado, la riqueza de valores que desarrollaron todos y el nivel de compromiso de cada estudiante del aula. Los maestros merecen el mejor de los reconocimientos por haberse integrado totalmente al aula y haber conseguido juntos esa colmena de trabajo, todos los estudiantes del aula que ví o por lo menos la mayoría se comunicaban con ellos con lenguaje de señas y habían alcanzado una madurez óptima. Desde aquí mi reconocimiento a todos quienes hacen ese hermoso plantel. Hay que luchar porque la inclusión sea una política de Estado.

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