Montessori, Waldorf… Cada vez se oye hablar más de pedagogías alternativas. ¿Cree que es una moda?
En parte lo es. Muchas familias buscan para sus hijos una Montessori porque estudia allí el príncipe de Inglaterra. Luego se indignan porque en la escuela no se mandan deberes ni hay libros de texto… ¡como quien va a un vegano y se queja porque no hay bacon! Pero más allá de modas, si ahora se reivindican es porque desde cada una de ellas se ofrecen soluciones a algunos de los problemas que aquejan a la educación actual.

¿Todas ellas tienen algún punto en común? ¿En qué se diferencian?
Es difícil responder con brevedad a esta pregunta, porque lo cierto es que son muy diferentes entre sí y para cada rasgo común que se pueda encontrar suele haber una excepción. Por ejemplo, muchas de ellas se caracterizan por ser poco directivas y evitar la clásica distribución del aula en hileras de pupitres, pero no ocurre así en la primaria Waldorf (Steiner -el fundador de esta pedagogía- consideraba que en esta etapa el alumno aún no está capacitado para dirigir por sí mismo su aprendizaje). Algo que sí comparten es una visión optimista del niño, que por naturaleza está deseoso de aprender y solo necesita de las condiciones adecuadas para que se produzca este aprendizaje. Los ejercicios repetitivos, las etiquetas y el tener que rendir cuentas en un examen serían las causas de que la motivación se fuera perdiendo.

¿Qué más puntos en común cree que tienen?
Otro posible punto común sería el respeto por los ritmos del alumno. En general, estas pedagogías defienden que cada niño tiene más interés o facilidad para unas áreas que para otras. En realidad es algo difícil de poner en duda, pero sin embargo, la mayoría de escuelas siguen agrupando por edades. Si un alumno no llega a los mínimos que se han marcado para su edad (sobre todo si es en matemáticas y lengua), puede acabar repitiendo curso. En enfoques como Amara Berri o Montessori los alumnos comparten aula dos o tres años. Esto, además de fomentar el aprendizaje colaborativo, permite que si un niño se ha quedado sin llegar a entender algunos temas, podrá retomarlos el curso siguiente, evitando la lacra que supone la repetición. Ahora bien, sobre qué entiende cada pedagogía por respetar los ritmos también encontramos muchas diferencias.

¿Porque despiertan ahora tanto interés?
Suele darse un revival de este tipo de pedagogías cada vez que hay una crisis, sea económica, de valores, o tras conflictos bélicos. Cada vez que la sociedad busca regenerarse mira a la escuela. Montessori desarrolló una “educación para la paz” después de haber tenido que huir de dictaduras y guerras. El enfoque Reggio Emilia surge tras la II Guerra Mundial, cuando un grupo de familias decide que sus hijos merecen una nueva escuela que les prepare para no repetir los errores del pasado. En Mayo del 68, una de las reivindicaciones fue la democratización de la enseñanza, que debería garantizar una verdadera igualdad de oportunidades. Estas ideas llegaron aquí poco más tarde, coincidiendo con el fin de la dictadura y supusieron la creación de cooperativas de familias y maestros donde se comenzó a educar de una manera diferente.

¿Y aquí?
Ahora, en España y otros países hemos vivido una crisis que nos ha llevado a hacernos ciertas preguntas. ¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí, cómo hemos podido permitir tanta corrupción, quién paga ahora los platos rotos? La crisis además ha tenido una incidencia directa en la escuela: la pública ha sufrido recortes y ha aumentado el número de alumnos que vive por debajo del umbral de la pobreza. Frente a esta situación la escuela se ha movilizado para pedir más recursos, pero una parte del profesorado y de la sociedad defiende además un cambio profundo. Y aquí me parece importante recalcar el además, puesto que a menudo se culpa a los docentes de la situación actual de la escuela, como si la causa de la desmotivación de los alumnos fuera que sus profesores no son suficientemente “innovadores”.

Esto crea recelo, claro…
Esto ha provocado que un buen número de docentes mire con desconfianza a las pedagogías alternativas. No les falta razón cuando se quejan de que ellos, que son quienes están cada día al pie del cañón, tienen luego que aguantar que expertos que nunca han pisado un aula les enmienden la plana, para a continuación venderles cursos y técnicas que en ocasiones no tienen ninguna sustancia o no son aplicables más que en determinados contextos.

¿Cree que el sistema educativo tradicional está en crisis? 
Creo que hay enfoques que pueden resultar mucho más motivadores y eficaces que los tradicionales. Los materiales Montessori, por ejemplo, permiten comprender las matemáticas de una manera sensorial. Incluso adultos que no tuvieron problemas con las mates comprenden mejor algunos conceptos cuando pueden “verlos”.
Ahora, también pienso que hay que tener cuidado cuando se habla de acabar por completo con la educación tradicional, porque en ocasiones esconde el propósito de reducir la educación al desarrollo de competencias. A aprender a trabajar en equipo y ser resilientes porque es lo que supuestamente demandará el mercado laboral del futuro. A dejar de lado el conocimiento y la memoria -cuando son imprescindibles tanto para ser críticos como para ser creativos- porque supuestamente “ya está todo en Google”. Personalmente creo que en estos tiempos de posverdad los maestros son más necesarios que nunca.

¿Con qué finalidad fue creada su página web “Ludus”?
Ludus es un directorio de proyectos educativos que siguen pedagogías alternativas. Nació con el objetivo de que estos proyectos, que a menudo son muy pequeños, pudieran ser encontrados fácilmente por las familias interesadas. La otra razón por la que lo lancé fue ver que cada vez existían más escuelas de este tipo que no se conocían entre ellas, que tenían cierta sensación de aislamiento, de estar trabajando en solitario. La web ha permitido visualizar estas propuestas, que hayan sido conscientes de que forman parte de un movimiento que no para de crecer. Y las que han querido, han podido contactar con las que tenían cerca e intercambiar experiencias y apoyo.

¿Qué cree que buscan las familias que se interesan por una forma distinta de abordar la educación de sus hijos?
Hay de todo. Las hay que buscan la escuela que hubieran querido vivir, donde aprender sin presiones, sin ser comparados, sin etiquetas. Una escuela que no acabe con las ganas de aprender con las que todos nacemos y que enseñe a los alumnos a ser capaces de pensar y resolver sus conflictos por sí mismos. Una escuela empoderadora que prepare a los niños para ser ciudadanos activos de una sociedad democrática, que sean conscientes de que en su mano está mejorarla, en lugar de limitarse a votar cada cuatro años.
Por el contrario, otras familias lo que buscan es que sus vástagos salgan preparados para sobrevivir en la jungla que por lo visto se nos avecina.

¿Qué aptitudes cree que se fomentan en las escuelas alternativas que no se tienen en cuenta en la escuela tradicional?
Estas pedagogías fomentan el trabajo cooperativo y que los alumnos sean activos, que hagan propuestas, que investiguen por sí mismos. También, que se atrevan a equivocarse. De los errores se aprende, pero tradicionalmente la escuela ha potenciado que se aprenda más por repetición que por prueba y error, mediante experimentación. Todos tenemos la experiencia de haber tenido profesores a los que no nos atrevíamos ni a preguntar una duda, porque todas les parecían absurdas o fruto de que no habíamos estado suficientemente atentos. Al final, con ellos, te limitabas a aprenderte la cantinela y repetirla en el examen, aunque no la hubieras acabado de entender del todo. Afortunadamente, creo que están en peligro de extinción.

¿Se cuestiona el concepto de “disciplina” en estas escuelas? 
En estas escuelas la disciplina se convierte en autodisciplina. No se trata de que los niños sigan unas normas porque lo dice el adulto, sino porque entienden su sentido. No hay que lavarse los dientes porque es obligatorio, sino porque si no lo hacemos proliferarán las bacterias que nos causan caries. En algunos proyectos, muchas de las normas son además consensuadas. En Summerhill, por ejemplo, la comunidad educativa decidió en asamblea que los alumnos pueden llevar el móvil a clase, pero deben mantenerlo en silencio para no molestar a los demás.
Paradójicamente, una crítica recurrente a estas escuelas es que en ellas los alumnos hacen lo que les da la gana, cuando la realidad es que suelen ser más responsables que la media porque han interiorizado el sentido de los límites y no por miedo al castigo. Todo esto se trabaja mucho en las escuelas libres, donde se considera que desarrollar la empatía es mucho más básico que aprender a leer o a sumar.

Algo que comparten generalmente estas pedagogías es la necesidad de conectar al niño con los ciclos de la naturaleza. ¿Por qué cree que se fomenta? ¿Cree que los niños viven muy ajenos a lo que sucede en su entorno natural?
La pregunta que deberíamos hacernos sería la contraria, ¿cómo pueden existir escuelas de espaldas a la naturaleza? Somos seres naturales y olvidarlo nos pasa factura. Distintos autores han puesto el dedo en la llaga al denunciar como muchos niños diagnosticados con TDAH padecen en realidad lo que podríamos llamar un déficit de naturaleza. Desde muy pequeños pasan horas sentados en pupitres, salen de clase y van a extraescolares donde continúan entre cuatro paredes, vuelven a casa y el tiempo hasta la cena se les va entre los deberes y la consola… lo extraño es que no se vuelvan locos.

Vivir entre asfalto lo pone difícil…
Es evidente que muchas escuelas situadas en medio de las ciudades no lo tienen fácil, pero siempre se pueden hacer cosas, desde tener plantas en clase hasta montar un huerto, aunque sea reaprovechando unos neumáticos. Hay iniciativas muy interesantes en este sentido -como El Nou Safareig- que proponen que los patios dejen de estar monopolizados por el fútbol para renaturalizarlos y convertirlos en espacios educativos.

Estas pedagogías también ponen en valor la necesidad de respetar los ritmos de cada niño, algo difícil de conciliar con currículums escolares estrictos. ¿Qué opina?
Lo de los currículums actuales, que además de estrictos son cada vez más extensos, es una locura que perjudica a todos los alumnos, ya que convierten cada asignatura en una carrera en la que lo importante es llegar al final, sin que haya tiempo de profundizar en los distintos temas. La LOMCE y las pruebas de evaluación no dejan apenas margen de libertad al profesorado, que ve como resulta prácticamente imposible incluir dentro de las horas de clase tiempo para el debate o el trabajo cooperativo.

¿Estas alternativas educativas pueden adaptarse a cualquier etapa educativa?
Existen escuelas libres, Montessori y Waldorf tanto de infantil como de primaria, secundaria y bachillerato. Y sin duda, la universidad se beneficiaría también de un cambio en su pedagogía. Hace poco leí un artículo en el que profesores españoles que trabajan en Cambridge comparaban su experiencia con la universidad española. Destacaban que aquí se espera de los jóvenes investigadores que citen las fuentes tradicionales, que demuestren que han leído toda la bibliografía sobre el tema, mientras que en las universidades inglesas ya se da por hecho que se cuenta con una buena base y lo que se valora son las aportaciones novedosas. Por supuesto, ser creativo conlleva el riesgo de equivocarse, pero no hemos avanzado por limitarnos a repetir. No podemos quedarnos parados sobre los hombros de los gigantes.

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Tiching

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Comentarios(4)

  • Y volvemos a lo mismo de siempre. La educación tradicional está obsoleta, bien. Pero no nos volvamos locos intentando integrar mil sistemas alternativos en un sistema que ha funcionado bastante eficazmente durante años. Se debe mejorar sí, estoy de acuerdo, pero sin volvernos locos.

  • Wow Me encanto! Gracias

  • Muy interesante el comentario de arriba. Me encantaría saber cúal es ese centro público del que se habla, porque sinceramente creo q no es lo más habitual. Se sigue fomentando la competitividad, se hacen exámenes, en general todo el alumnado tiene que seguir el mismo ritmo, los mismos contenidos, se sigue etiquetando, las materias no tienen relacion entre ellas, much@s niñ@s se aburren y se desmotivan, cada vez se diagnostica más el TDAH, los ratios son muy altos y así es imposible respetar el ritmo de cada alumn@, casi no tienen contacto con la naturaleza excepto en contadas ocasiones q hacen alguna excursión, patios asfaltados y de escasa media hora, deberes, … Y estoy de acuerdo en que hay muchas personas/maestr@s implicad@s en muchos centros públicos pero lamentablemente no es fácil hacer cambios en el modelo/proyecto educativo si no hay un equipo bien estructurado e implicado. En general, hay mucha inestabilidad laboral, pocos recursos y se trabaja bajo presión y mucho estrés.

  • La verdad que he leído el artículo y como docente de un centro público me duele que hablen así de la enseñanza tradicional. En la actualidad creo que afortunadamente no se da en los centros públicos. Hacemos casi exactamente lo mismo expuesto en el artículo sobre metodologías alternativas educativas u otros modelos educativos.
    Día a día con mis alumnos y alumnas hago lo mismo que se propone en otras modalidades de escuela, consensuamos normas, respetamos ritmos, casi no hay deberes, trabajamos de forma cooperativa, investigamos, hacemos experimentos, tenemos plantas, huertos, incluso gallineros, hacemos recetas, bailamos, construimos instrumentos, mates de abn y experienciales, con juegos, leemos de todo, nos relajamos, meditamos, trabajamos formándonos con todo lo que vemos novedoso, cooperando en proyectos de todo tipo, con universidades, con otros centros… La única pega que veo, nuestra elevada ratio.
    Personalmente intento con mi trabajo sacar lo mejor de cada método sin basarme en un sistema de escuela establecido, ni tradicional, ni Montessori, ni Waldorf…sólo por y para mis alumnos. Y buscando aquello que me parece lo mejor de los mejor, preparándolos para el mañana, para todo, para digerir e identificar sus sentimientos, bajo la educación emocional, no obligando y mucho menos haciendo cosas porque sí. Porque trabajamos con personas, personitas pequeñitas que algún día serán del futuro. Personas a las que dentro de ellas quedará algo de mí. Es por ello, que no me parece importante un modelo sólo de enseñanza, esta idea es demasiado antigua, lo verdaderamente esencial son los buenos profesionales que confeccionan con sumo rigor y tejen una red de conocimientos, aptitudes, actitudes, sentimientos, experimentos, valores, pensamientos, movimientos y risas, muchas risas, mucha escucha, observaciones y auto-obervaciones infinitas que es lo le que permite a uno conocerse a sí mismo y al que tiene enfrente.
    Porque me niego a elegir un solo modelo o una sola alternativa. En la escuela pública o si desean llamarla tradicional hay maestros del futuro, que se guían por su motivación y sus grandes dosis de empeño buscando lo bueno y aprovechable de cada cosa, y esto sí que me parece una idea más que enriquecedora.

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