Experiencias de juego en el aula: descargando tensiones

  • Por Ingrid Mosquera Gende
  • Opinión

Ingrid Mosquera Gende

Profesora adjunta en la Universidad Internacional de La Rioja. Dpto. Inglés. Facultad de Educación. Doctora en filología inglesa. DEA en Psicología de la Educación. Postgrados en Alteraciones de la Audición y el Lenguaje y en Estrategias de Aprendizaje. Máster en Docencia Universitaria.

Continuando con lo propuesto en mi post anterior, sobre la importancia o las posibilidades del juego en etapas educativas avanzadas, voy a recordar varias experiencias que yo misma he llevado a cabo en la Universidad. Algunas no suponen juegos como tal, sino, simplemente, importantes momentos de distensión, desde mi punto de vista completamente necesarios en un entorno que suele estar marcado por la seriedad y por la rectitud. Por supuesto, las ideas presentadas pueden ser aplicadas a otras etapas educativas anteriores, en las que el juego también suele ocupar un segundo, un tercer lugar, o directamente brillar por su ausencia.

Imagen experiencias de juego: 5 jóvenes chocando las manos

Dictado dinámico, por relevos o con carrera.

En el aula de idiomas, se hacen varios equipos. A un lado de la clase se sienta el escritor, el resto del grupo está en la otra punta de la clase. Se les pasa un texto, tendrán que ir por relevos, corriendo a junto del escritor y dictarle lo que hayan leído y recuerden de memoria. Es decir, se tendrán que ir aprendiendo el texto y decírselo al escritor. Es muy divertido ver cómo corren y algunos van repitiendo su frase todo el camino y llegan a junto del escritor y tienen que dar la vuelta porque no se acuerdan ya de nada de lo que iban a decirle. El siguiente compañero solo podrá salir cuando le dé el relevo el alumno que va de vuelta. Pueden decidir ellos quien se sienta y hace de escritor. Es un papel más pasivo.

Si hay algún alumno que tenga que ser escritor durante toda la actividad por alguna circunstancia, podrá serlo, en caso contrario, en un momento dado, siempre sin avisar, el profesor dice en alto: ¡cambio! Y otro compañero tendrá que ir a sentarse como escritor. La idea es que gana el grupo que acabe primero el dictado o la actividad que deseemos asociar. Aunque luego, por supuesto, se verán las faltas. Siempre tendremos que pensar de antemano qué premio daremos a los ganadores. Es adaptable a otras asignaturas, por ejemplo en matemáticas, dictando enunciados y que los escritores, en este caso podrían ser varios, tuviesen que resolver los problemas dictados. Con un poco de creatividad, cualquier actividad de un libro de texto podrá adquirir un matiz dinámico, activo y lúdico.

Recompensas.

En trabajos en grupo de cualquier tipo, poned una recompensa al grupo que termine más rápido y mejor. Puedo contaros que lo hice en la Escuela de Caminos, Canales y Puertos, una carrera difícil, donde intuía que podían estar bastante estresados, e intentaba que se relajasen y disfrutasen, sin dejar de aprender. En Navidades, a los ganadores les ofrecí polvorones o mazapanes para nuestra siguiente clase, con el compromiso de tener que comérselos. Los ganadores escogieron polvorones, y a las ocho de la mañana del día siguiente, les tocó cumplir su promesa. Fue muy divertido para toda la clase.

En otra clase, con casi 200 alumnos de la Facultad de Informática, llevaba caramelos que tiraba a los que respondían de forma correcta. Era un momento muy gracioso, porque tengo muy mala puntería y siempre le daba a alguien y nos reíamos todos. Cuando terminó el curso, puestas ya las notas, una alumna se me acercó y me dijo: ahora que están puestas las notas te quiero decir una cosa, nunca había aprendido tanto inglés como contigo. Prueba superada.

Los alumnos contra el profesor.

En otra clase, también en la Universidad, proponía una actividad complicada para solucionar en el encerado entre todos. El premio era que, cuando la terminasen, podrían irse. Todos participaban, eran ellos contra mí, así se lo decía al principio. De vez en cuando, si alguno no participaba, simplemente decía: ahora no podrá salir nadie más al encerado hasta que salga alguien de aquella fila, o algo similar. Unos se ayudaban a otros, se pasaban las respuestas para que los compañeros pudiesen ponerlas. Era un trabajo en equipo, contra mí. Salían al encerado, si contestaban de forma correcta, yo redondeaba la respuesta, si iba mal, la borraba, siempre introduciendo unos segundos de suspense teatral en los que podías apreciar cómo estaban atentos cuando me acercaba a lo que acababa de poner un compañero en el encerado y podías escuchar sus nooooo o sus bieeeeen.

Trabajo en el exterior.

Si puedes sacarlos del aula al patio, al exterior, un día de verano o primavera, eso ya será diferente para ellos. Aprovecha los recursos con imaginación. Las opciones son muchas: trabajos en grupos, poder marcharse al terminar, actividades dinámicas, entre otras posibilidades. En mi caso lo apliqué en la Facultad de Económicas y Empresariales, aprovechando el césped que había en el propio campus universitario. Si se pueden modificar las actividades para fusionarse con el entorno, mejor que mejor, pero simplemente el cambio de escenario ya supondrá una bocanada de aire fresco, nunca mejor dicho, para los estresados estudiantes.

Recuerda: busca tu estilo

Como decía también en mi post anterior, es fundamental observar sus reacciones y tener a todos los alumnos en cuenta, tanto en relación a su personalidad como a su diversidad. Estas experiencias han tenido lugar en clases de más de cien alumnos y es posible realizarlas sin problema. Debemos ser conscientes de que si algo puede salir mal, saldrá mal, y no pasa nada. Tendremos que estar preparados para ello y asumir los errores con buen humor y capacidad de reacción.

No digo que nos tengamos que dedicar a tirar caramelos por las aulas ni a hinchar a los alumnos a mazapanes, ni que tengan que ir en chándal a nuestras clases. Cada profesor tiene que buscar su estilo, en el que se sienta cómodo y en el que sus estudiantes no se sientan violentos. Es importante no tener miedo al ridículo. Pero eso ya va en cada uno.

Jugar, o reír, no resta importancia ni seriedad al contenido que estamos tratando, solo sirve para que los alumnos se relajen, para que el ambiente sea positivo y para ofrecer una motivación extra a los estudiantes. Hazlo a tu manera, puedes realizar pequeñas pruebas y ver cómo funciona. Ya nos contarás.

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