¿Qué entendemos por interculturalidad?
Es una pregunta difícil de contestar porque las palabras pueden tener diversos significados. Pero dicho rápidamente, interculturalidad significa darnos cuenta que las personas y las sociedades en general tienen prácticas culturales diferentes. Entendemos por prácticas culturales cualquier cosa que hacen las personas: lengua, creencias, alimentación, forma de vestir, etc. Reconocer que en una misma comunidad hay personas que tienen prácticas diferenciadas y que pueden vivir juntas es la idea principal de la interculturalidad.

Pero la diferencia entre las personas siempre ha existido…
No es un descubrimiento de algo que no existiera antes, claro, pero sí que ha servido para poner el foco sobre una realidad que había quedado algo escondida en nombre de una homogeneidad y de una cierta igualdad que no tenía en cuenta estas diferencias.

¿En qué sentido?
No todas las diferencias son iguales y no todas merecen el mismo tratamiento. En las sociedad modernas de los 70-80 la aspiración de la sociedad era la igualdad, que hacía que incluso las diferencias que deben ser reconocidas o impulsadas pasaran a un segundo término. Con la postmodernidad esta aspiración a la igualdad se ha diluido y han crecido las reivindicaciones las demandas que piden el reconocimiento de su identidad. Esto es muy positivo, pero creo que es importante decir que la aspiración es que tengamos igualdad de posibilidades y de vida. Lo que no puede ser es que en pro de esta igualdad anulemos diferencias que deben ser respetadas y potenciadas.

En una entrevista reciente, Ismael Palacín de la Fundación Jaume Bofill señalaba que la diversidad es la nueva normalidad. ¿Qué opina?
La diversidad es una realidad que ha existido siempre, es cierto que es una normalidad. Pero la realidad también es la desigualdad, que no es lo mismo, y la aspiración es a tener una cierta igualdad de competencias, de oportunidades y de vida. El punto de partida siempre ha sido que somos diferentes, pero algunas de estas diferencias se han utilizado en términos de desigualdad. Por ejemplo, hay diferencias que hay que respetar y punto: si uno es rubio y el otro moreno es así y ya está. Otras diferencias se han de estimular y potenciar. Por ejemplo, si uno es muy bueno aprendiendo idiomas, pues está bien que se potencie esa capacidad. Y hay otras diferencias que se convierten en desigualdades, por ejemplo: las diferencias de género o las religiones.

¿Cómo cree que se entiende la diversidad en las aulas, como una riqueza o como un problema?
El planteamiento de la legislación habla de la diversidad en esta clave “es hora de reconocer que somos personas diferentes y que todos tenemos que gozar de los mismos derechos”. La realidad es que tal y como se ha gestionado el tema de la diversidad para muchos profesionales de la educación la diversidad es un sinónimo de problemas, de centros de alta complejidad, con centros con muchos extranjeros, etc..

La teoría y la práctica entonces no se encuentran…
Hay una visión teórica bien intencionada, pero la traducción real es que los recursos prácticos se han interpretado como recursos para los que dan problemas. A veces se han utilizado para separarlos del grupo habitual y que trabajen con un recurso específico. Vemos una doble vara de medir: la teórica y la real. Pero es en las escuelas donde hay que trabajar de verdad y donde hay que dedicar esfuerzo en personalizar la educación, y por este motivo se asocia la diversidad a los problemas.

¿Cuáles cree que son los retos que tienen los docentes que forman parte de centros llamados de “alta complejidad”?
A priori, el mismo que los demás: el reto es conseguir que el 100% de los niños y niñas alcancen las competencias básicas. El contrato que se establece con las familias es que, pese a las diferencias, la escuela ponga los medios para que todos salgan con las mismas competencias que les brinden las mismas oportunidades. La escuela y el instituto no está aquí para dejar las cosas como están.

No lo tienen fácil para hacer efectiva la transformación…
Los niños y niñas llegan con un potencial de educabilidad diferente. Lo que no pueden hacer los centros educativos es transformar los pobres en fracasados y los ricos en excelentes. Un centro de alta complejidad implica que tiene muchos alumnos con familias que no han tenido una escolarización universitaria, o de minorías marginadas. El trabajo para conseguir que estos jóvenes alcancen las competencias básicas es más costoso. Además, hay que intentar que todos los centros tengan una población similar a la de su zona, barrio, municipio. No podemos permitir que haya guetos. 

¿Qué necesitan los docentes?
Los profesores necesitan tiempo para estar con los alumnos y necesitan recursos. Si tenemos alumnos diferentes, significa que necesitan una atención singular y las propuestas deben ser mucho más diversificadas. Es trabajo anterior al de entrar al aula y necesita tiempo, conocimiento y profesionalidad. La escuela ha sido la vanguardia en muchos aspectos, y también ha cometido muchos errores, por supuesto. Pero si la escuela tiene los recursos necesarios, hay tiempo de trabajar las cosas importantes. Pasan muchos años entre primaria y secundaria con los profesores.

La vida de los alumnos no termina en las aulas.
Cierto. Las escuelas han de poder garantizar que los niños tengan las oportunidades que no han tenido los padres, pero las horas de escuela son insuficientes, sobre todo para las familias más pobres. Las familias que tienen recursos ya se encargan de motivar a sus hijos con actividades estimulantes. El tiempo educativo se estira en las familias de clase media o alta, pero no en el caso de las familias pobres. El tiempo no escolar suele ser un tiempo de pérdida cultural, de mirar la tele, de no hacer nada. En el tiempo libre se producen las diferencias más grandes.

¿Por qué cree que sucede esto?
No todas las familias pueden asumir extraescolares y esto genera una diferencia importante entre compañeros. Pero las diferencias no solo las detectamos en clave socioeconómica, también de género. Hay muchos más niños que hacen actividades relacionadas con el deporte que niñas. El tiempo educativo no es estrictamente el tiempo escolar, hay iniciativas muy interesantes en esta clave. Hace unos años los planes educativos de entorno no estuvieron suficientemente financiados, ahora el proyecto de Educación 360 también pretende trabajar sobre este ámbito y encontrar fórmulas para cubrir estas insuficiencias.

Cambiando de tema, ¿qué papel debe adoptar la educación en la prevención del racismo y la xenofobia?
Un papel importante, sin duda. Pero los medios de comunicación y las redes sociales y los líderes de opinión también deben hacer un esfuerzo. Y cuando hablo de líderes de opinión no me refiero solo a los tertulianos, hablo de alcaldes, personas que están al servicio público, etc.

En el caso de los centros educativos, ¿por dónde deben empezar?
Las escuelas están en el mundo, deben estar en contacto con lo que pasa en la calle y en el planeta. Los conflictos del barrio y los del mundo deben entrar en la escuela y han de servir para aprender a vivir en una sociedad con conflictos, en una sociedad con diferencias. Entender y comprender la realidad, tener opinión propia, aprender a vivir y trabajar en una sociedad en las que las diferencias deben ser tenidas en cuenta… son funciones básicas.

¿Y cómo se traslada esta realidad a las aulas?
Todas las escuelas deberían reflejar la composición de barrios y ciudades. La diversidad debería estar presente en todas las escuelas. La diversidad no se debe predicar, sencillamente debe estar presente y debe poder expresarse. Y es importante también que entren en conflicto y dialoguen. En el campo de la religión, por ejemplo, no lo hemos resuelto bien. En algunos centros se ofrece la posibilidad de estudiar religión, pero dividimos a los niños en función de la religión que estudian. No deberíamos separarlos, porque entonces lo que se produce es una gran ignorancia. Es preferible que todos estudien religión, que las estudien todas, que las conozcan, porque también forma parte de la cultura de todos.

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Tiching

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