Lleva muchos años involucrado en iniciativas para la mejora de la educación a través del cambio y el aporte de valor. ¿Qué le llevó a ello?
Me gustaba la educación y no me veía solamente en el aula, quería aportar algo más. Para mí, el cambio en la educación viene desde la organización: por eso me dediqué al cambio en el entorno organizativo.

Según su experiencia, ¿qué competencias debe tener un buen director de centro?
Es algo que ha ido variando con el tiempo. En la actualidad, y de cara al futuro, un director de escuela debe tener visión, gestionar bien el cambio y ser innovador.

Con un proyecto compartido y un equipo docente cohesionado podemos conseguir grandes cambios en educación. ¿Cómo lo logramos?
Con personas que vivan para la educación. Cuando los profesores realmente sienten su profesión, aprenden para enseñar. No se puede enseñar sin aprender. Es el punto del cambio, ya que un equipo se cohesiona cuando tiene vocación y esa vocación va orientada a aprender permanentemente.

¿Qué consejos le daría a un director de centro que quiera mejorar la educación?
Que no tenga miedo al fracaso. Estamos en un momento en el que hay que arriesgar. El riesgo y el cambio suponen avance.

¿Qué labor lleva a cabo desde el proyecto Maecenas?
Trabajamos para dar valor social. En mi opinión, la calidad de un colegio está en el valor social que es capaz de aportar a su entorno: un colegio consume unos recursos, consume dinero de las familias y de la administración, pero ¿cuál es el valor que devuelve a la sociedad? Ésa es la misión de ‘Maecenas’.

Para aportar este valor que comenta, ¿qué proyectos llevan a cabo?
Tenemos varios proyectos, de los cuales destacaría tres. Talentum, que va orientado a niños con dificultades, y a través del cual buscamos una incorporación en el sistema lo más equilibrada posible; el Simposium de Mobile Learning, que tiene como objetivo promover la tecnología educativa; y Generación XXI, programa de voluntariado nacional e internacional para jóvenes escolares de 16 a 18 años.

¿Cuáles son las claves para conseguir que las personas que tienen menos recursos accedan a la educación?
Hoy tenemos acceso a la educación. Otra cosa es acceder a una buena educación, que es más complicado. Y una buena educación pasa porque haya buenos directores que gestionan y buenos profesores.

La crisis ha sido un contratiempo para las perspectivas de educación y futuro de muchos jóvenes. ¿Puede ser, sin embargo, una oportunidad?
Las crisis son momentos de cambio y de inestabilidad: en ella radica el cambio. Hay un dicho que dice que cuando aparecen las dificultades las grandes personas se ponen de pie y empiezan a andar.

¿Qué cambiaría de las aulas?
Sobre todo cambiaría el concepto del espacio: las aulas no deberían ser espacios cerrados, deberían ser abiertos. Nosotros promovemos que los estudiantes trabajen en el jardín, algo que hoy es posible gracias a la tecnología.

Hablando de cambios, ¿cómo mejora la tecnología la educación?
La tecnología es un instrumento de trabajo. Lo importante es lo que está debajo de la tecnología, es decir, cómo optimizar esa tecnología. Aplicado al colegio, por ejemplo, se traduce optimizando los recursos metodológicos para optimizar la tecnología.

¿Cómo contribuyen plataformas educativas como Tiching a mejorar la educación?
En una época de red e intercambio como la que vivimos, iniciativas como Tiching son un crisol de encuentro que promueve la educación y el conocimiento del profesorado y de los alumnos, y eso es algo muy importante y necesario. Tiching aporta un valor fundamental hoy en día, y es que permite compartir y gestionar el conocimiento de manera abierta y plural.

¿Cómo ve la educación del futuro?
Incierta y apasionante, porque que en la incertidumbre hay también una parte de pasión.

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Tiching

Tiching es la red educativa escolar para encontrar, compartir y gestionar todo aquello relacionado con la educación. ¡Más de 500.000 personas ya se han unido!

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